domingo, 27 de marzo de 2011

DE CANDIDATOS, CANDIDECES Y CANDIDAZOS


PRIMER ACTO

- ¡Tierra, trágame…!.

Las diez de la mañana, debo irme al paradero y tomar mi bus de retorno. Hoy día lunes ya está perdido, mañana no puedo faltar de ninguna manera… Resulta que recién estoy recuperando el conocimiento. Anoche fue la gran concentración artística y yo, como siempre, vine expresamente hasta Lima: mi grupo musical no podía faltar, como no lo había hecho durante tantos años. Esta vez, mis amigos los organizadores, nos iban a dar un sencillo, que me serviría siquiera para mi pasaje de retorno.

Pero, malhaya mi suerte, el enorme público, el reencuentro con tantos amigos…, ¡y tenía que sucederme a mí: se me presenta un paisano entrañable, que vive allá en el pueblo, me dice que está de paso con su camión, y que se ha quedado para verme!. Motivo para el agasajo y chelas van, chelas vienen. A pesar de mi normal situación recontraaguja, tuve que ponerme siquiera un parcito ante tan noble gesto…

En medio de la negruzca bruma de mi recuerdo, poco a poco veo a mi hermano requintándome y restregándome en la cara el billete que me habían pagado por la actuación. Revisé entre mis bolsillos y efectivamente, allí estaba el dichoso billetito. Era uno de cien soles, y parecía sacarme la lengua, porque era un vulgar recorte de periódico. Resulta que después de la larguísima actuación, como siempre muy aplaudida y aclamada, el vocalista había reclamado el pago a la señora empresaria. La dueña del evento, le alcanzó los billetes. Rapidito, buscó a mi hermano y le entregó el que me correspondía. Claro que éste se dio cuenta al toque de la broma y le devolvió el papel. Por supuesto que ya no le quiso recibir, aduciendo que ése era el billete entregado por la señora y que en todo caso fuera a reclamarle a ella. Algo que mi hermano hizo inmediatamente para recibir sólo una contundente negativa de su parte. Le dijo que ella ya había cerrado esa cuenta, que había entregado los billetes correctos, que cómo se atrevía a pensar mal de ella y que no podía reconocer nada. Mi hermano insistió, y ante la negativa fue a buscarme. Algunos amigos se ganaron el pase, pero no nos quedó más camino que retirarnos.

Y éste es mi drama: ¡si no viajo inmediatamente voy a perder otro día de trabajo, me van a botar!. ¿A quién recurro, de dónde saco el pasaje?... Ya ni quise tomar el desayuno que mi afectuosa madre me alcanzaba con tanto empeño y salí como loco. Estuve dando vueltas, renegando de mi maldita suerte y de mi tonta actitud de estar arriesgando mi trabajo, quedando mal con la familia para nada, ¡como si fuera la primera vez…! La única solución, pensé, es enfrentar el asunto personalmente y me puse en camino a buscar a mi amigo, casi hermano, el organizador del evento. El no conoce el problema, me consolaba, las cosas están ya más calmadas y tendrá que entenderme… Ahora, otro gran problema ¿dónde vive este pata?... Alguna vez me invitó a visitarlo en su nueva casa y recordaba algo de las indicaciones que me hizo de cómo llegar.
No sé cuánto caminé, no sé cuántas vueltas dí, sólo cuando me dijeron que esta era la casa del señor que necesitaba encontrar, me volvió el alma al cuerpo.
La muchachita que abrió la puerta demoró un montón para hacer las consultas y dejarme pasar. Es que los señores todavía están descansando, explicó.

Por fin, en bata y visiblemente incomodado salió el amigo y me pidió ir pronto al grano. Después de saludarlo y felicitarlo por el acostumbrado éxito de su fiesta, le expliqué muy compungidamente que yo debía viajar, que no tenía un centavo en el bolsillo, echándome la culpa de todo y disculpándome por tener que molestarlo, le entregué el billete y le supliqué me lo cambiara. Creo que le repetí también que había viajado exclusivamente por cumplir con él, que yo nunca le había fallado y que por única vez me hiciera este favor, que este billetito no iba a afectar en nada a su economía, para la enorme ganancia que había alcanzado en la noche. Me respondió que no podía atenderme en este asunto, que todavía no habían hecho sus balances y tenía muchos pagos que afrontar y que toda la economía la manejaba su esposa y que volviera en otra oportunidad para conversar con ella.

- ¡Tierra trágame…!

No sé de dónde saqué fuerzas para humillarme tanto, le dije que en todo caso, me hiciera un préstamo que yo le devolvería en pocos días. Tanto le supliqué y, por fin, buscó a la señora. Salió enojadísima a decirme que mi hermano era un malcriado, que la había calumniado, acusándola de darle un billete falso, que ella había entregado todo conforme, que no iba a estar reconociendo todo lo que le reclamaran y, que en todo caso, arreglara con el vocalista. Estaba yo clavado en el piso, no atinaba a nada… Mareado, totalmente atontado empecé a retirarme. Ya en la puerta me alcanzó el amigo, me dijo que con mucho esfuerzo había logrado prestarse de la señora este billete que era un préstamo personal, y que no olvidara de devolvérselo esta misma semana.

SEGUNDO ACTO

- Buenos días, señor, hace varios días que he tratado de comunicarme con usted, soy el director del grupo que le alquilamos su local para la fiesta que organizamos la semana pasada, justamente quería saber para visitarlo a recoger la garantía de diez mil soles que le dejé y devolverle su recibo.

- Ah, mire señor, sobre eso, ustedes ya no tienen ningún derecho a reclamar nada, porque primero, se han pasado de la hora, el contrato era hasta las tres de la mañana y ustedes han estado hasta las cinco, y después han dejado tirado el árbol que han puesto para la yunza, de modo que yo no tengo nada pendiente con ustedes.

- Pero, perdone señor, ¿cómo que no tenemos derecho, si usted a las tres de la mañana ha cortado la luz, ha cerrado sus puertas, ha cortado totalmente la música y no se ha vendido una botella más de nada? …. Si nos hemos quedado un poco más, ha sido porque estábamos recogiendo nuestras cosas, pero eso no ha demorado ni una hora, cómo va a decir eso, además del árbol, ya no está y el mismo guardián nos ha dicho que usted ya lo ha vendido ....

El caso concreto, es que el dichoso personaje se quedó con la plata, así a lo macho.
Resulta que a alguien del grupo musical se le había metido en la cabeza que debiéramos organizar nuestra fiesta de carnavales, siguiendo la moda, que si éramos capaces de llenar locales para otros, también tendríamos una buena concurrencia. Yo era muy poco afecto a estas cosas, pero en fin, entré en la jarana. Y, es un latín de la patada. Que el local, los artistas, las licencias, la cerveza, la propaganda, el personal, etc. Y todos jalan plata. Como éramos tres, teóricamente nos repartimos las responsabilidades y los costos. Teóricamente, porque siendo ciertos, por ejemplo, esas diez lucas de la garantía las tuve que poner yo.

Bueno, algo íbamos haciendo, cuando faltando una semana nos avisaron que el Concejo distrital había clausurado el local de la fiesta. Movilización general: buscar amigos, relaciones, alguien que convenciera al malvado alcalde de que no nos hiciera tanto daño. Inclusive a la política recurrimos, porque era época electoral. El malvado que en los infiernos debe estar, no aceptó nada. El local está clausurado y punto. Yo propuse suspender todo, que ya veríamos la forma de salir. Pero los otros socios: siquiera para recuperar los gastos, que ya no falta nada, que había un local, bastante menor pero que podría servir en la emergencia. Buscar al dueño, hacer los contratos aceptando, sobre todo, sus leoninas condiciones, porque como estaba enterado del problema… Todos los pagos por adelantado, y además la dichosa garantía. Diez mil solcitos nada más. Si no, pues no hay local, así de sencillo….

Como era previsible, la fiesta resultó siendo una reunión de familia, porque quienes iban al primer local se encontraban con la puerta cerrada a machote. Un hermano mío trató de ayudar de alguna manera, puso su microbús en servicio gratuito entre los dos locales, creo que hasta hizo dos viajes… Total, el daño estaba hecho, el malvado alcalde estaba plenamente satisfecho, y una vez más el letrerazo: artísticamente un éxito, económicamente un fracaso…

Y, ahora, ¿cómo hago para devolver los diez mil soles que me presté para lo de la garantía que ahora se enterraba en las fauces de este otro malvado….
Algún tiempo después, le comenté del asunto a mi amigo Larry, quien incrédulo exclamó: ¡Si ése es un asaltante conocido, todos saben de sus artes, cómo no me consultaste!…

TERCER ACTO

No sé por qué, pero no le tenía mucho entusiasmo a este contrato artístico… Uno de esos amigos de oídas me estuvo llamando por teléfono repetidas veces al pueblo. Me pedía aceptar una propuesta para presentar mi conjunto en una fiesta de carnavales. Me hablaba maravillas, que cobrara nomás, que el contratante era uno de esos empresariazos de éxito, que seguramente nos iba a poner a disposición una de sus camionetas 4 x 4 del año, etc. A tanta insistencia, autoricé a mi “representante” en Lima a firmar el dichoso compromiso, recomendándole dejar bien claro que la movilidad corre por cuenta del contratante. El amigo de las llamadas, me informó que el lugar del evento era un pueblecito muy cercano, a media hora de Chincha o San Clemente.

Un día antes del evento, ya en Lima, me comuniqué con los contratantes. La secretaria me informó que el señor empresariazo estaba en el lugar del evento, preparando todo, y que nosotros debíamos estar a las cinco de la mañana en Chincha para tomar los carros que iban por esa ruta y que nos dejarían muy cerca, que era muy fácil llegar. Le manifesté que yo no conocía el lugar, que ni tenía idea de los costos y que de ninguna manera iba a subirme a un camión mixto sobre el ganado. Que en todo caso, les devolvería el miserable adelanto que le habían dado a mi "representante" y que ahí terminaba todo.
Después de repetidas llamadas tratando de convencerme, la secre me informó que el señor empresariazo había contratado un auto expreso y que nosotros solamente deberíamos estar en Chincha a la hora convenida.

Llegamos, por fin, al lugar del evento casi a las 7 de la noche, después de cuatro horas de viaje. No había casas allí, sólo un espacio iluminado, adornos de fiesta y sonaba un equipo; las personas con talco y serpentina estaban ya en pleno juego de carnavales.

- Señor, buenas noches, somos del conjunto musical, acabamos de llegar. Usted nos avisa para iniciar nuestra actuación.
- Ah, ya, bien. ¿Ya comieron?.... Oye, Gumercindo, llévalos a la casa para que coman…

Las tripas ya estaban enviando clarinadas de alerta y no veíamos una tienda, siquiera para engañarnos con una gaseosa. Con nuestro atento guía al frente iniciamos un penoso descenso, los instrumentos al hombro por supuesto, ¿a quién podíamos encargarlos?. Se trataba de unas escalinatas sin fin, porque al fondo de la quebrada se advertía un caserón de la patada y se veían no menos de 8 carrazos esos de 4 x 4. Casa moderna, grande, bien presentada. Desde nuestra ubicación en una sala amplia advertíamos el movimiento de personas que entraban y salían, supongo que serían cocineras, mozos, etc., preocupados en sus afanes. Un largo rato y apareció un caballero mayor con su poncho y sombrero, quien se presentó como el padre de nuestro contratante y el verdadero dueño de todo este caserón y presumiblemente también de toda la empresa. Estuvo contándonos de sus avatares laborales, sus inicios empresariales,hasta en quechua hablamos.
Nuestro amiguito Gumercindo se apareció con una botella de trago sacarronchas que ninguno de nosotros iba a aceptar. Pasaba el tiempo. De alguna manera tratamos de recordarle a Gumercindo que habíamos bajado por algo, volvió a salir y al rato llegó un comisionado a comunicarnos que ya debíamos iniciar nuestra actuación. La fatigante cuesta ahora, con las chivas al hombro y… ¡a chambear!... ¿Y el richi?... No se oye padre, Gumercindo desaparecido.

Apenas bajamos del escenario, el chofer me dijo que debíamos partir, porque ya le habían cancelado. El señor empresariazo, alegrón por los brindis y medio asado, porque estaba entretenido en sus juegos y bailes, me peloteó a la secretaria cuando le recordé que debía pagarme. A propósito, qué característica manera de jugar carnavales en Huancavelica, frotándose con la ortiga entre hombres y mujeres. Es como mis paisanos de Ishua o Huaycahuacho que juegan también frotándose con la tuna. ¡Claro, sobre todo por esas zonas…! No me fue fácil ubicar a dicha señora para continuar con el limosneo. Sacó del bolsillo algunos billetes y me los entregó también con incomodidad, porque le estaba interrumpiendo su fiesta.

- Oiga, señorita, le dije, aquí falta.
- Ah, no sé señor, eso es lo que me ha indicado mi jefe, de dónde cree que puedo sacar plata, ya he pagado también al chofer que les ha traído, es todo lo que tengo.

Y se fue campante, feliz. ¿Quién me iba a hacer caso ahora si ya habíamos cumplido con el trabajo?... Para remate, el responsable, el empresariazo ya estaba borracho, ¡ni para pegarle!.

Por ahí divisé al “amigo” que tanto me estuvo llamando antes del contrato.

- No te preocupes, hermano, tu estás viendo la casaza, los carrazos, él tiene plata, no se va a ensuciar con centavos, el lunes búscalo en su oficina, explícale y vas a ver que todo se va a arreglar, ahora es por gusto, no vas a sacar nada.

Y claro que no iba a lograr nada, yo lo sabía, pero a veces como que nos entra un deseo (supongo que malsano) de conocer los extremos más descarnados de la miseria humana. Fui dos o tres veces a la fábrica, sólo por castigarme. El señor nunca estaba, o había viajado a Buenos Aires o estaba en reuniones con los ministros del Gobierno, parece que todos iban a consultarle o a pedirle permiso. La secre ya no sabía qué hacer, hasta nos ofreció los saldos de mercadería fallada, pero ni eso, porque al señor nunca le dio la gana de pagar. Mi abuelita solía repetir: de los paisanos con plata, sobre todo de esos chuscos, líbranos Señor!...

ACTO FINAL

Tres escenas vividas en diferentes escenarios, un denominador común y la misma víctima. Ya me había olvidado de estas desagradables experiencias, pero acabo de ver en la televisión a uno de estos caballeritos, besuqueando a un cacarrito de nuestras serranías, diciendo que quiere ser parlamentario “para luchar por estos niños y por los pueblos olvidados …” Cómo se dan las coincidencias: estos tres personajes andan también en avatares poíticos, uno de ellos me parece que ya pisó el parlamento. Hace algunos años, el que se adueñó de mi “garantía” candidateaba para alcalde. Me preguntaba entonces si podría recuperar mi platita ofreciendo el recibo que firmó y nunca rescató, a uno de sus contrincantes… Si vemos cada cosa en esta viña del señor…! Pero el empresariazo fue el más pendeivis: no solamente se queda con nuestra plata, sino que nos cochinea ordenando que nos sirvan comida, ¡sabiendo que no nos van a dar nada…!

La vida tiene caminos y vericuetos tan incomprensibles que es posible que alcancen esos puestos. Y como soy tan afortunado, me los voy a encontrar por ahí, y me los van a presentar: el señor parlamentario, o el señor Alcalde, o el señor Ministro. Recordaré entonces la sabia frase de mi hermano Rafael León: “Esos tremendos pendejos son miserables sí ¡PERO LA HACEN, NO SÉ CÓMO, PERO LOGRAN LO QUE SE PROPONEN!”….

domingo, 20 de marzo de 2011

VISITA MINISTERIAL

J
Desde cuando inicié este diálogo con mis amables lectores, me prometí no abordar temas de la actual vida de mi pueblo, porque ingresar a este campo implica discusión y polémica. En tal caso, debería asumir y defender posiciones políticas y esas cosas para mí, no revisten el menor interés. Mantengo mi modesta idea primera: en este rinconcito familiar conversamos de nuestras costumbres, de nuestras experiencias y presentamos escarceos literarios o artísticos, referidos, por supuesto, a nuestra tierra.

Pero, después de un largo espacio, me ha tocado estar en Andamarca y he participado directamente de agitaciones populares vividas en poco tiempo. Creo necesario solicitarles la venia necesaria y contarles un breve resumen de ellas.

Resulta que, como corresponde y en su debida oportunidad, hicimos una visita de saludo y congratulación a nuestro buen amigo el Dr. Juan Ossio, por su asunción al cargo de Ministro de Cultura. El rango de amistad forjada durante sus años de estadía y vivencia en Andamarca siempre ha sido mantenida en estos años, a través de nuestras visitas de consulta y de saludo, ya en su domicilio ya en su centro de labores, la Universidad Católica. Con la afabilidad que siempre le ha caracterizado, el flamante Ministro nos aceptó de buen grado la invitación, pues él mismo tenía decidido visitar Andamarca, antes del cambio de Gobierno. Con el actual Alcalde, le tomamos la palabra y coordinamos la fecha en que tal decisión debiera cumplirse.

El 6 de marzo fue el día escogido y por feliz coincidencia, José Carlos Vilcapoma, Viceministro de Interculturalidad, nos visitaría unos días antes, de paso a Aucará, con motivo de la Declaratoria de su Templo, como Patrimonio Cultural de la Nación. Efectivamente, el día 23 de febrero, Andamarca le brindó un caluroso recibimiento, al señor viceministro. Luego de dos horas de grata estancia, la caravana siguió viaje hacia su destino, guiada por nuestro distinguido coterráneo el Dr. Abel Mejía, Rector de la Universidad Agraria y el señor Barrientos, Alcalde aucarino.

Recordaré que en la década del setenta, se presentó en Andamarca un joven bonachón, que pronto hizo amistad con su gente sencilla y acogedora. Su figura se hizo familiar, se le veía caminando por las chacras y todos nos esforzábamos para procurarle una grata estancia; queríamos colaborar con él, había una intención compartida de ofrecerle todas las facilidades. El día que fuimos a Qellqata, por ejemplo, a la yerra de alpacas, en el fragor de la lluvia, fue algo inolvidable. Después de cabalgar varias horas, claro que su humanidad - un personaje alto y robusto - sentía los estragos, pero él estaba feliz y ni sintió las estrecheces de una estancia de puna, durmiendo sobre las leñas y sobre las caronas. Con todo, la pasamos bien.
En el pueblo, las mujeres que ordeñaban sus vacas, le regalaban “poqoso” calientito que el “docto” acogía con gratitud. Con su libretita en mano y su cámara fotográfica nunca faltaba en los acontecimientos familiares o populares. Estaba en las techas de casa, en los matrimonios “chawachamanta”, en los sembríos del maíz, saboreando chicha con pito, aunque después acusaba algunos malestares estomacales por la falta de costumbre. Pero después, se familiarizó bastante bien con todo el producto nativo. Se dejó sentir su ausencia cuando reasumió sus actividades capitalinas. Claro que en su vivencia andamarquina, le tocó vivir experiencias y anécdotas que compartimos en el recuerdo, cuando sus múltiples ocupaciones le regalan algún espacio.

Entre tantos recuerdos, conoció los documentos personales que don Teófanes Gallegos guardaba de José María Arguedas, su amigo y hermano. Por esas coincidencias de la vida, ahora le toca encabezar el reconocimiento a tan ilustre personaje en el centenario de su nacimiento. El año 75, don Teófanes fue cargonte dansaq mayor de Negromayo en la Fiesta del Agua de agosto. Claro que el Dr. Ossio, como su gran amigo, no podía faltar en el grupo de los cuyaq o amigos visitantes. Durante los días de la fiesta ritual, pudo conocer el desenvolvimiento de la danza de las tijeras en toda su expresión. El posee un testimonio directo de la “Agonía” estación final de esta danza, inclusive debe conservar la versión más pura de su melodía, pues esta demostración le fue ofrecida como una deferencia especial tanto a él como a don Teófanes por el maestro dansaq Albicha. Los que algo sabemos de danza de tijeras, conocemos que los dansaq no acostumbran bailar esta estación, por la connotación radical que tiene. En Andamarca, también pudo recoger la versión del Mito de Inkarrí en el testimonio de Zenén Flores Caballa, nuestro recordado “Buque”, como fruto de numerosas y largas conversaciones. Poco a poco se vencieron sus naturales reticencias y, en este menester, fue asistido por mi hermano Jorge. Yo tuve el honor de ayudarlo en la transcripción y traducción de muchas de sus recopilaciones, labor que cumplimos en su casa de Lima.

Como fruto de sus estudios e investigaciones, publicó varias obras en las que Andamarca figura como centro de sus inquietudes intelectuales y sus sólidas investigaciones. Lógicamente, su nombramiento como Ministro obedeció a la intensa actividad intelectual que venía desplegando, pues, además de sus responsabilidades docentes en la Universidad Católica, los altos niveles de los gobiernos le fueron encargando sucesivas tareas que él cumplió con brillo.

Conocida la buena nueva de su visita a Andamarca, naturalmente que el pueblo ingresó a una enfebrecida gama de actividades preparatorias, en el propósito de brindar una inolvidable bienvenida al Dr. Juan Ossio. Muchos de los personajes que formaron el grupo de amigos en Andamarca, ya no están, pero queda en su memoria espacio para el agradecido recuerdo, como lo hizo notar en el discurso que pronunció a su llegada. En el pueblo, pues, la consigna de volver a vivir esos tiempos fue muy bien entendida por los jóvenes que, si bien no tuvieron la oportunidad de conocer estas vivencias, quisieron no estar ausentes en circunstancias tan especiales e irrepetibles. Son los jóvenes quienes están en la responsabilidad de la conducción del pueblo, ya sea como autoridades o como dirigentes de sus organizaciones. Fue aleccionador ver cómo la población se movilizó en su integridad.

Llegado el día central, el nerviosismo alcanzaba su grado mayor. A las diez de la mañana sólo mirábamos el espacio y aguzábamos el oído tratando de adivinar el lado por el que aparecería el helicóptero. La ciudad estaba vestida de colores, se notaba otra expresión en los rostros, y aumentaba también la cantidad de nuestros visitantes. Los distritos vecinos, con sus autoridades al frente y sus comparsas artísticas también estaban presentes y compartían nuestro nerviosismo. La espera se iba haciendo más larga pues parece que el doctor estuvo también atendiendo funciones propias de su cargo en otros pueblos.

Ver el descenso de la nave en Antara fue para el pueblo una merecida satisfacción. La recepción se fue desenvolviendo conforme había sido programada, pero los eventos deberían acelerarse al máximo porque había cortedad de tiempo, pues los señores pilotos marcaron un espacio muy reducido. Las inauguraciones programadas se cumplieron con agitación, la de la Casa de la Cultura, la Casa del Danzante y la de la infraestructura que el Municipio entrega para la Oficina de coordinación o de la Unidad Ejecutora del Ministerio de Cultura. Los demás actos programados hubieron de suspenderse ipso facto, porque el cielo encapotado y los anuncios de las primeras gotas de lluvia pusieron más nerviosos a los pilotos quienes decidieron la partida. No había forma ya de cumplir pautas protocolares en orden, también los representantes de los pueblos vecinos trataban de hacerse oir y entregar sus escritos y obsequios al señor Ministro, al Presidente del Gobierno Regional y al Director de Agrorural, comisionado especial del señor Ministro de Agricultura, integrantes de la Comitiva ministerial.

Una fortísima lluvia se desencadenó entonces y cuando vimos perderse el helicóptero arreciaba más la fuerza del temporal vestido hasta de granizo. En fin. El pueblo siguió bailando. Las numerosas estampas artísticas costumbristas que habían dado la bienvenida, continuaron su despliegue regalando música, color y alegría a toda la población. Y como habíamos ingresado a carnavales, pues nos trasladamos al Complejo Huáscar donde se cumplía el Concurso de Bailes y Motivos de Carnaval, organizado por la Municipalidad.

Casi borrado por el tiempo conservo en mi memoria el recuerdo de una movilización artística andamarquina así de espectacular: el día en que se inauguró la carretera a Puquio. Todo el pueblo bailó sin descanso en la plaza de armas, salieron todas las “invenciones” que se viven durante el año. Han pasado los años, los protagonistas son otros, pero el espíritu andamarquino prevalece, mantiene su vigencia, pese a la modernidad, el INTERNET y los celulares.

El Carnaval es una fiesta que mezcla los ritmos y juegos del pukllay ancestral con las ideas traídas por los conquistadores y asume diversas variedades locales. Así, pues, bailamos los paseos costumbristas nativos, las wifalas mestizas, el baile de “los vasallos” a cargo de los prebistes dedicados a atender el culto católico acompañando al Mayordomo de un Santo, con sus flautas y tinyas y el cortejo de sus muñidoras. Se baila también el pumpin, heredado de los tiempos prehispánicos, en que los dominios Rukanas Antamarkas abarcaban hasta las actuales provincias de Fajardo y Huancasancos. Y finalmente, el motivo Chimaycha que entró con fuerza desde el norte: de Amayqa, Pampamarca, Chacralla y cautivó sobre todo a los sectores jóvenes. En Andamarca, se baila los tres días con las diferentes estampas costumbristas. Acostumbra llegar mucha juventud desde Lima, Ica o Cañete. Claro que esta alegría y los ritmos de las arpas, violines, tintyas y flautas encontraron descanso sólo el miércoles de ceniza. Pero, eso es papa de otro costal y ya hablaremos de ello.

miércoles, 2 de febrero de 2011

SOBRE HOMENAJES Y HOMENAJES


Son incontables e inolvidables las experiencias vividas en mi prolongadísima “vida artística”. Habrá tiempo para irlas recordando con los buenos amigos que me dispensan el favor de su lectoría.

En aquellos tiempos, un animador o maestro de ceremonias era el encargado de presentar al artista ante el público. Hacía una elocuente referencia a sus cualidades, trayectoria y concluía con engolada voz: “Señoras y señores, después de tan larga espera, aquí está el gran Uchucha de las Quebradas”!!!!. En este menester han dictado cátedra maestros de la talla de “mi suegro” el Pollo Wilfredo Díaz o mi tocayo y colega (por la superpoderosa visión) Carlos Guillén Oporto y otros, de grata recordación. Y, claro, los aplausos estallaban mientras el artista salía al escenario, exagerando sus ensayados gestos de saludo.

El artista quedaba dueño del escenario y presentaba su show, en una variopinta escala. Estaba el sobrio, que apenas alcanzaba a anunciar el título de sus canciones y estaba el que consumía su tiempo hablando hasta por los codos. El grupo musical de acompañamiento ocupaba su espacio, al fondo. El anunciador intervenía muy poco, porque entre otras razones, él y quienes esperábamos turno en los camarines, estábamos metidos con los cinco sentidos en sensacionales encuentros de timba, en los que nos jugábamos el menú del día siguiente, por lo menos.

En la actualidad este tema ha sufrido enormes variaciones: casi no existe artista o grupo musical que se desenvuelva solo en el escenario. Anuncian un artista y salen cuatro o cinco personajes más que interactúan: todos gesticulan y bailan repitiendo movimientos ensayados. Gozan de mucha fama las agrupaciones de damas con apelativos de “bellas” (¡y claro que lo son!). Sólo una de ellas canta, las demás hacen derroche de sus apetecibles atributos. Claro que es un regalo para la vista, pues las voluptuosas carnes se lucen en pocas ropas, sin mezquindad. Los artistas varones se hacen acompañar – como mínimo - por dos muy graciosas damas que se esmeran en tentar al público con sus acompasados y atrevidos movimientos. En estas condiciones, ya nadie pierde tiempo en apreciar si el “divo” canta bien o “tiene sus bemoles”. Gozan de fama también los elencos integrados exclusivamente por varones que colman el escenario y no dejan de moverse un instante.

Pero, además, la modernidad ha impuesto un elemento infaltable en la presentación de los artistas: el animador o “gritón”, como les suelen nombrar. Aprovecha cualquier espacio y lanza frases que “animan” al público. A cinco cuadras del evento, se escuchan sus gritos: “saltando”, “saltando”, “las manos arriba”, “el que no salta es un….”, etc. Lógicamente, se le acaba el repertorio y entonces recurre hasta al fútbol: “arriba alianza”, “vamos boys”, etc. No puede callarse. Su obligación es gritar y gritar para que no decaiga el “entusiasmo” del público. El mejor animador es el que más grita y si se entusiasma tanto que ya ni deja escuchar al cantante, mucho mejor. Cada grupo o “banda” debe contar con su propio elenco de “gritones”. También cuenta con un “sonidero” exclusivo, que se encarga de aumentar hasta el infinito los volúmenes en los equipos de sonido. Esta es otra zarabandaza que otro día les contaré.

Como quiera que este año, la fecha del aniversario de la fundación de Lima ha coincidido con los cien años del nacimiento de don José María Arguedas, han abundado los homenajes, los conversatorios y todo cuanto se estila en estas ocasiones. La tradicional verbena serenata a Lima se ha cumplido, por supuesto, con todo brillo y ha sido transmitida por el Canal de Estado. Como yo acostumbro caminar buscando paliar mis ochenta mil necesidades, me queda poco espacio para ver televisión, pero esa noche alcancé algunas escenas de dicho acto y fui tan afortunado que choqué precisamente con la presentación de un grupo de rock peruano con sus instrumentos de última generación, sus parafernalias adecuadas y el creciente entusiasmo del público, apostado en la plaza de armas.

Como cualquier grupo que se respete, también estaban acompañados por sus bailarines. Pero, tuve que pegarme dos lapos en las mejillas para constatar que no estaba sonambuleando. Efectivamente, lo que se veía en el escenario, era algo insólito, espectacular, increíble, de otro mundo, por decir lo menos. ¡Se habían llevado como sus bailarines a dos Danzantes de tijeras, elegantemente ataviados!. Estos procuraban adecuar sus movimientos a las melodías que se desprendían de las voces, guitarras eléctricas, los sintetizadores y demás instrumentos del grupo de marras. (Lógico: no creo que sus bailarines o bailarinas vayan a ejecutar “perreo” si la solista del norte chico está cantando su huayno con arpa). Agucé mejor el oído y comprobé que la melodía que presentaban, era parecida a alguna típica de las estaciones del dansaq, pero con sus propios arreglos, compás y cadencia. Aplausos de la concurrencia, por supuesto, felicitaciones por doquier y un triunfo más, atronador, indiscutible, del grupo de rock.

Me quedé pensando: no hace ni un mes, creo, en Andamarca hemos vivido semejante algarabía porque el mundo ha honrado a la danza de las tijeras, reconociéndola como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Y ahora estamos viendo al dansaq, epígono de un arte ancestral tan distinguido, convertido en saltarín a control remoto, en comparsa de un grupo de rock. ¿Para esto han declarado Patrimonio inmaterial de la Humanidad a nuestra danza de las tijeras?... Y los “animadores” repetían hasta el cansancio que esto se hacía como homenaje a José María Arguedas, pues él había imaginado el nombre de “Danza de las tijeras” para identificar a este arte inmortal.
No me llego a explicar por qué estos buenos amigos rockeros escogieron a los dansaq... ¿Por qué no se hicieron acompañar por dos huacones, por ejemplo?... Confieso que hasta acaricié esta malvada idea: el huacón es el acompañante ideal, porque podía propinarles semejante “fuetazo”, por el enorme atrevimiento!.

El arte es, fundamentalmente, libertad. Jamás pretendería poner cortapisas ni imponer dogmas en el sentimiento y creación artística de las personas. El arte del pueblo tiene legítimo derecho a desbordarse con imaginación y creatividad. Pero, ¿qué necesidad tienen de recurrir al dansaq y convertirlo en un pobre muñequito a cuerda que tiene que moverse ante el público en formas y moldes que no le son propios?... Y no quiero hablar de que el dansaq es un ser privilegiado, escogido, que cumple un ministerio sagrado dentro del grupo humano. Me corro el riesgo de que me callen como a mi distinguido amigo el actual Ministro de Cultura, cuando hace buenos años ya, le dijeron en Andamarca: “Ya está grandecito usted doctor, para estar creyendo en esas cojudeces…”

“… resulta peligrosísimo, un verdadero atentado contra el patrimonio de nuestro pueblo y de nuestro país, alterar esos cuentos con la pretensión de “mejorarlos” o “adornarlos”… Quien introduce detalles de su invención en el material puro de una obra popular comete un pecado muy grande contra el propio pueblo al cual, frecuentemente, estos adulteradores proclaman “amar”… En cambio los que adulteran la música, los cuentos, las danzas folklóricas, para “dignificarlos” como tantas veces he escuchado afirmar a algunos irresponsables; éstos no tienen perdón de Dios… Su fatuidad debiera ser sancionada mediante….. la denuncia del delito… Castigarlos como se hace con los que delinquen…..”

Clarito, sin lugar a duda alguna. Escrito por el maestro José María, nuestro hermano mayor … Si tenemos la laudable intención de rendirle homenaje no debiéramos olvidar sus conceptos; debiéramos recordar, por ejemplo, su radical condena al proyecto que entonces desarrollaban en Estados Unidos Ima Sumac y Moisés Vivanco. Si Arguedas hubiera vivido estos actuales “homenajes”, estoy seguro que no hubiera necesitado la pistola….

UNA YAPITA: (Como acostumbra decir el buen Adón Heredia).
Creo que fue al día siguiente.
Igualmente en el Canal del Estado, dentro del ciclo de homenajes a José María, en el programa que presentan mi distinguida amiga Victoria de Ayacucho Saywa y su guapachosa hija, participaron dos dansaq, con el arpa del buen Duco y el violín de mi paisano “Chimango” Lares. Casi abruptamente, terminó el son del dansaq y empezó una desafiante Ayla puquiana. Estoy seguro que en su casa, el buen Mario Benjamín Prada ha saltado inmediatamente al ruedo, como en Pirucha Pampa, por supuesto. Pero, fue un segmento bastante reducido. Luego de “los comerciales” persistió el ayla, pero esta vez los dansaq improvisaron movimientos exactamente iguales a los que acostumbran ahora los jóvenes en los campos deportivos, cuando los animadores gritan “¡Saltando, saltando!...”

Pensé: es probable que el Director del programa, constatando que la melodía llamaba compulsivamente al baile, haya ordenado a los dansaq a cubrir el espacio. Pero, allí estaban Chimango y Duco para haberle explicado que el Dansaq no baila ni ayla ni huayno. Cuando en la Fiesta del Agua, ha descendido de la torre, coronando sus contrapuntos de varios días, con satisfacción le dice a su Maiso: “Deber cumplido, papay” y se ubica como un músico más, y acompaña las melodías del arpa y el violín, con el rítmico son de sus tijeras. Estalla un espectacular desborde de ayla en las cuatro esquinas de la plaza. Es el pueblo bailando sin descanso. Y, cuando los maisos y cargontes, deciden retirarse a sus domicilios, el grupo humano forma interminables cadenas de hombres y mujeres y el dansaq, enlazado a sus maisos, va encabezando la Caramusa. El eco de sus tijeras queda por muchos días más en las calles. En las esquinas, el ayla se maximiza y también hay espacio para tan sentidas canciones que arrancan hasta lágrimas. El dansaq, repito, está integrado al grupo, cumpliendo su función de músico percusionista. En el programa que comento, los movimientos de los dansaq estuvieron fuera de lugar, ellos lo sabían y por eso se les notaba avergonzados. Las hermosas e inolvidables melodías del ayla exigen de modo irrefrenable el zapateo inconfundible del maqta tusuy. Dos parejitas en el escenario hubieran sido la cereza sobre el pastel.

OTRA YAPITA MAS:
Hace poquito tiempo, se fue a la eternidad mi buen amigo, don Gilberto Cueva, el “inventor”, fundador, “dueño” y Director de Los Eternos Errantes de Chuquibamba, demostrándonos que apenas somos la humilde vela encendida que, en cualquier momento, viene el viento y la apaga. ¿Cuántos volúmenes serían necesarios para hablar de Gilberto?. Personaje tan especial, de una inteligencia superior, de una caballerosidad sin límites y también de un humor sensacional. Acabo de llegar de Andamarca y he visto enormes paneles publicitarios de una renombradísima artista, que ha gozado de las excelencias personales y cualidades de Gilberto. ¡Y en esos paneles anuncian la presentación de los “nuevos Errantes de Chuquibamba”!... Me angustio pensando: si Gilberto ni siquiera ha terminado de cruzar la frontera final, ¿cómo es que se abrevian plazos, se aprovechan de su silencio, y osan reemplazos tan sacrílegos?...

Recuerdo clarísimamente la escena vivida hace un montón de años. Era una acostumbrada reunión de amigos, un día cualquiera. Compartíamos con Antonio, Plinio y Gilberto, los Errantes: el “colorao” Luis Berardo Delgado, Pepe Melgar, Manuel Silva Pichincucha, Víctor Angulo, y algunos más. Cantábamos nuestras canciones en uno de los salones del Club Arequipa del Paseo Colón. Mientras nosotros éramos sólo entusiasmo, los Errantes imponían señorío, categoría, prestancia. No cabía duda: ellos habían nacido para cantar. Por eso, el Colorao Delgado resumió nuestra unánime convicción: ¡Los Errantes son los Errantes!...

La vida ha ido cobrando sus tributos. El primero en marchar a la eternidad, fue don Antonio. Posteriormente, hubo necesidad de reemplazar la extraordinaria voz de Plinio, debido a serios resquebrajamientos de su salud. Gilberto tuvo el acierto de convocar a músicos de la talla de Jaimito Silva y los Errantes continuaron llenando escenarios, acudiendo a los constantes llamados de los pueblos del Perú. Como Gilberto, con su reconocida generosidad, había incluído mi acordeón en varias de sus grabaciones, también solía convocarme a algunas actuaciones. Precisamente, estábamos a pocos días de juntarnos en la Fiesta de la Virgen del Rosario, en Chiringay de Chuquibamba, y le llegó el llamado, la cita impostergable …

Y ahora… ¡los nuevos Errantes…! ¡No lo comprendo, no lo concibo…! Yo lo he vivido y sé cómo Gilberto quería y respetaba a su grupo musical … Los Errantes han tejido una estela imborrable en el corazón del pueblo peruano y así deben ser recordados, con Antonio, con Plinio, con Jaime, con Leonidas, pero sobre todo, con Gilberto Cueva Fernández, el muy extrañado y querido “viejito de mi acordeón”…

sábado, 8 de enero de 2011

BALADA DEL HOMBRE SOLO

La noticia corrió como reguero de pólvora.

Octubre de 1982. Dicen que lo han recogido de la calle. Parece que estaba muerto, dicen. ¿Quién?... ¡Ah, el pobre Buque, dicen!...
Efectivamente, Zenén Flores Caballa, “Buque” para todos, había coronado su peregrinaje con todas las de la ley: se había muerto en la calle, mirándole de frente la cara al cielo. Ese corazón robusto, machazo, había reventado. Casi noventa años de intensa y desigual batalla habían terminado por rendirlo.
El viejo Buque había llegado a su frontera final, se había terminado, pues. Solo. Heroicamente solo. Acusadoramente solo. Se había muerto de abandono en el espacio abierto, ante la avergonzada mirada del sol.
Personas que pasaban circunstancialmente, compasivas, lo recogieron, lo cargaron a su casa, y lo acomodaron en el corredorcito, pensando que podría estar durmiendo una tranca sensacional. Pero, alguien más preocupado auscultó el pulso y se asustó. Por eso llamaron al Sanitario y avisaron también a la policía.

Amortajado en raídas vestiduras, envuelto en su descolorido poncho, cargado en el esquelético catafalco de los sin nada, está avanzando, ahora, en hombros de cuatro voluntarios prebistes (1), a ver si alcanza algún sitiecito en el cementerio de Millupampa. Lo acompañan dos o tres personas y ya ni atiende a los rezos incomprensibles del cantor. Se ha disipado, tal vez, el olor de las últimas velas que almas compasivas, anoche, encendieron a su derredor, en el patio de la desvencijada vivienda.
El aire ensombrecido está vestido de negro intenso, de luto riguroso. La boca más descarnada de la triste pobreza ha sido abierta. No se escuchan los gorjeos de las aves ni el canto rumoroso del río. Tan sólo el vacío, la angustia, la nada.
Esa cansada figura del anciano mendicante, que arrastrando sus pasos, imploraba con angustia por un bocado de pan, ya no estará más. Ha viajado sin prisa, tal vez con esperanzada alegría. Lo han llamado para edificar una inmensa torre en el Qoropuna, a base de cheqos (2) que pulirá con su intacta maestría. Todavía no sabe Zenén que la torre se derrumbará por las noches. Y él estará todos los días, en primera fila, acullicando su coca y ordenando sabiamente las estructuras. Hacia allá ha partido el maestro. No volverá. Ya no.
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Un mozo joven, no mal parecido, recibe el plato de humeante lawa (3) que la amorosa esposa le ha servido en el “almozo” de la mañana, antes de enfrentarse con las tareas del día:
 Gracias, Mama Killa, mamallaya, gracias.
 (Gracias, madre Luna, madrecita, gracias).
 Mikuchaykuy taytay, mikuchaykuy. Ñoqaqa vacamanñamiki pasasaq. Docekita apakunki.
 (Coma usted, padre. Yo iré enseguida a la vaca. No olvidará usted de llevar su “doce” o almuerzo).

La amorosa esposa, se despide y ambos están, ahora, camino a sus diarios quehaceres. Y esta es la estampa de felicidad compartida que los esposos don Zenén Flores Caballa y doña María Quillas protagonizan a diario en su cálida vivienda.
La caminata hasta el lugar del trabajo, es buen pretexto para recordar...
Don Casimiro Flores “Buque”, su padre, lo había ido formando emprendedor, laborioso, y muy hábil en el manejo de la piedra, cuyos secretos se encargó de transmitirle en durísimas jornadas. Llegado el tiempo, convencido que la vida debería abrir sus caminos, propició el casamiento del primogénito, con todas las de la ley: “chawachamanta”. Fue un tremendo afán...
La noche anterior, después que el pongo o maestro, seleccionara tres candidatas para su esposa, leyendo en la biblia de las hojas de la coca, acudieron en busca de la compañera escogida. No ha habido fortuna en casa de la primera novia propuesta. Han debido actuar con sagacidad e insistencia con la segunda. Los argumentos han sido convincentes. Con lágrimas en los ojos, los padres han entregado a su hija, la pareja escogida para Zenén...
Éste, ya al amanecer, se ha visto en la mesa de honor, en compañía de la flamante compañera de su vida. ¡Claro que los festejos fueron completos, a todo dar!. Luego que la futura consorte llegara a la casa, las nacanas (4) entraron a las ollas, la chicha de jora circuló a raudales, el arpa no dejó de cantar con el arte insuperable de Pablo “Azucar” Flores su tío, y los “perdonanakuy” y “reqsenakuy” se sucedieron desde que el Alcalde asentó la respectiva Partida de Matrimonio, declarándolos oficialmente marido y mujer. Como buenos padres, Casimiro y su esposa entregaron un terrenito, en calidad de dote, para la futura casa. De parte de los familiares de la novia también hubo dote, de manera que ahora poseían, además, una vaca y una chacra.

Zenén, nunca dejaría de recordar los temores y pulcritudes de la novia en la primera noche de amor. Pero todo fue cumplido conforme aconsejaron los padrinos, yachaqkuna, (5) y ahora compartían una vida plena de emociones, de alegría y de felicidad. Ganado por la extraordinaria afabilidad de su “tuya”, su compañera y esposa, el joven consorte aprendió a nombrarla como “mama Killa”, “Madre Luna”.
Como es normal, recién casados, tuvieron que pasar el cargo de Ñawin en la Fiesta de la Yarqa, en agosto. Y vaya que lo hicieron con todas las de la ley. Atendieron la visita de muchos cuyaq o amigos, de la mejor manera. A este efecto, hubieron de comprar nacanas y trago y se preparó buena chicha de jora.

Pero, qué será...
Algo raro y pesado hay en el ambiente y la gente está hablando. Cinco años de esta unión, de matrimonio y, todavía nada. No ha llegado la “wawa” (6), a completar la felicidad. De verdad que también Zenén se está preocupando hace ya buenos meses. Se consuela convenciéndose que poco a poco, las cosas se arreglarán y que no tardará en llegar harta prole. Qarichapas, warmichapas (7), una docena, por lo menos, para cumplir “las doce estaciones”.

Actualmente, está ayudando a su padre en los trabajos del puente de Negro Mayo, como antes lo hiciera en el puente de Markanta. Desde muy pequeño conoce el mundo mágico e insondable de la piedra. Ha aprendido a amalgamarlas en los eternos andenes, luego de una cuidadosa selección. A su padre, la Comunidad le había asignado el apelativo de “Buque”, precisamente por esa insuperable ingeniería en la piedra.
Para el actual trabajo, es fundamental la unión y fortaleza de la comunidad. En Huaqesa, han sido talladas las piedras de cheqo, para después ser trasladadas en hombros, por la orilla del río. Para este puente de Negromayo, la cosa ha resultado más brava por la distancia. Ha debido vencerse la difícil cuesta por Wayrincayoj y Pusa. Ya con los materiales acarreados, se ha preparado suficiente argamasa con izcu, cal y huevos de perdiz o yutu. En un par de meses más, podremos estar transitando por el puente que nos va a comunicar con Qellqata, beneficiando a los comuneros, especialmente a los crianderos del sector.

Por otro lado, no faltan quehaceres en el pueblo, tampoco. Cuando nos libremos de esta obra, vamos a trabajar en las chacritas. Hay que cumplir muchos aynis (8). Dijeron de parte de los suegros, que se les ha derrumbado waqas (9) y wapanas (10) en sus chacritas de Chulluca y Chiricriqata. Será necesario darse un tiempecito, porque pronto va a llegar la época del sembrío.
Por su parte, como todos los días, Mama Killa ordeñará la vaquita, hará el quesito, traerá a los animales a tomar agua en Puquioqta, luego separará el becerro para que la vaca guarde leche para mañana.
Cuando retorne en la noche, ya estará esperándome con la lawa de chochoqa y el aguita de salvia o achicoria. A ver si a fin de mes, nos damos un tiempecito para que, siguiendo los consejos de algunos parientes, mama Natalia, la curandera y matrona del pueblo, la examine nuevamente. Qué estará pasando, porqué las wawas no están llegando.
Bueno, a trabajar, ya llegamos a la obra.

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El maestro “Buque”, había nacido para la piedra. En poco tiempo alcanzó la perfección de su arte con ella. Casi sin darse cuenta, la Comunidad empezó a nombrarlo también “Buque”, como al padre. Se erigió como el arquitecto más solicitado para construcciones. Con su progenitor y otros maestros, había culminado la gigante torre de la Iglesia, bajo la guía de don Calixto Quispe. Este sí que fue un trabajazo, mamallay mama. Cómo luchó la gente. Uru qinallaña,(11) traían el cheqo labrado desde las canteras de Huaqesa en Aqaimarca. Ya en la plaza, le daban la perfección final, la esculpida exacta antes de colocarlos en el sitio preciso. Así fue armándose la colosal estructura, con sus bóvedas secundarias, la escalerilla de acceso y la cúpula principal. Cuando la Cruz fue entronizada en su capitel, mirar abajo, a la calle, hacía dar vueltas a la cabeza. Era como sentirse un poco en el cielo. Cada que avanzaba más el trabajo, las cosas se complicaban por la responsabilidad. Cuántas noches, “Buque” despertaba sudando copiosamente, pidiendo auxilio. ¡La inmensa construcción se les venía encima y aplastaba a todos!. Mama Killa lo calmaba, entonces, y le preparaba manzanilla o valeriana. Esta angustia, lo atenazaba sin calma y, bien de madrugada, corría donde Calixto o donde “Sánchez Cerro” el otro arquitecto, a pedirles nuevos cálculos, que revisaran las trenzadas de las piedras, los cimientos, la calidad de las argamasas. Y así lo cumplían. Terminaban convenciéndose que todos morirían de viejos y que la torre andamarquina resistiría incólume el paso de los siglos. Alguien, pensando en las generaciones venideras, grabó en la dura piedra: “193l. Calixto Quispe, Maestro. Zenén Flores. Francisco Tito, Agente Municipal. Andrés Ramos, Teniente”.

Con enorme prestigio como honrado trabajador y comunero ejemplar, sin embargo, nunca había logrado sortear el gran reto de su vida. Habían ido pasando los años, los trabajos iban en aumento, había progreso. Construyó su propia casa, cómoda, con su patio, su corredor y espacios para “las chitas” y la leña. Las vaquitas también habían aumentado y se contaban algunas chacras más. Pero, la soñada y reclamada wawita, sigue demorando para nuestra desesperación, se niega a llegar.
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Mañana de intenso azul en Andamarca. El frío ha mordido con cólera esta vez. Las aguas se han congelado en todas las acequias y parecen rocas fuertes que resisten nuestras pisadas. Felizmente el solcito ya está auxiliando a los mortales. Seguro que cazorlita, el “cruzao” y otros punsas (12) van a sacar los bloques de hielo para comérselos con deleite.

Una apresurada pareja cruza la calles, ya ni atiende a quienes les pasan la voz. Es que tienen verdadera desesperación por llegar al Barrio de Qarmenqa. De purita casualidad, mama Quilla ha escuchado comentar a unos vecinos sobre un curandero que, dicen, ha llegado recién y tiene grandes aciertos. Hablan que muchos lo están visitando, sobre todo las mujeres, en procura de un alivio para sus males. Después de muchas dudas, Killa se había animado a consultar a tayta Zenen, con cierta vergüenza, si valdría la pena intentarlo una vez más. El renacer de un pequeñito resquicio para la esperanza no los ha dejado dormir. Por eso ahora, no caminan: vuelan en busca del arcano, implorando con desesperación que el destino les conceda siquiera un hijito, no importa, hukchallatapas (13).
Para qué nos ha servido haber progresado si las esperadas wawas no llegaron nunca. Recurrimos a todos los yachaq (14) pero ninguno nos pudo señalar la causa del castigo. Todo, aparentemente, en los cuerpos funcionaba bien. Las relaciones de marido y mujer nunca tuvieron problemas, pues jamás ninguno esquivó sus obligaciones. Pero...

Mama Killa se había acostumbrado a cargar su pena con resignación y dignidad. La gente tampoco se acordaba ya de su desgracia. A cuántos pueblos habían llegado, en busca del remedio para la infertilidad, pero nada. A pesar de todo, siempre ocultaban alguna secreta esperanza en algún rinconcito de su ilusión. La mujer, a escondidas, preparaba ropitas, practicaba tejer rústicas mediecitas, hasta que sentía las violentas sacudidas de la cruel realidad. Entonces deshacía todo y lo arrojaba con cólera al río.
Para colmar su desdicha, esta última posibilidad se ha esfumado, igualito que todas. El maestro ha calculado el pulso de la mujer, ha tocado repetidas veces el cuerpo con diferentes objetos: conchas marinas, piedrecillas raras; le ha hecho tomar infusiones con trago y, después de haber preguntado a la sabia coca, ha movido angustiado la cabeza. Les ha dicho que tal vez, quizá, pero que no garantizaba nada.

Como queriendo compensarse ante el pueblo por este baldón, “Buque” asumió con rabia todos los cargos: fue Alcalde tomero, estanque o punta, varias veces; también en Chimpa, aunque no le correspondía. Desempeñó todas las obligaciones comunales con verdadero ahínco, y cumplió con estricto rigor todos los cargos religiosos. De manera que llegó a ser un comunero consumado, a carta cabal. Todos en el pueblo así lo reconocían. Cuando se iniciaron los afanes para construir la carretera por iniciativa de los mistis, estuvo en primera fila, guiando con su conocimiento a los trabajadores de la comba. Allí donde había necesidad de crear badenes, construír relejes o encauzar riachuelos debía estar “Buque”. Él y “Sánchez Cerro” Quillas comandaron el batallón de ingenieros en la construcción del puente en Tinkúwa.

A pesar de todo, la soñada wawa, no llegó jamás. Y la soledad, la falta de calor familiar iba royendo sus almas, fabricándoles sentimientos de resentida resignación y, últimamente, hasta de indiferencia y hastío. Conocedores de su tragedia, sin embargo, ambos procuraron no abandonarse, no hundirse en la negra cueva de la desesperanza. En silencio, firmaron el pacto de fundirse en una sola alma, defenderse con una sola envoltura de dignidad y coraje, tejida con cariño y mutua compasión. El pueblo se había acostumbrado a aceptarlos en las fiestas, en los trabajos, en las “lotrinas” (15), siempre juntos, pero qué solos también. Ya no recordaban los problemas que su falta de descendencia podría traer a la comunidad.

Qolloqkuna, qamkunapa kausapim qasapas”, “estériles, secos, por culpa de ustedes nos vienen las heladas”-, solían decirle los más rabiosos, cuando se peleaban por el agua o porque alguno de sus animalitos hizo “daño” en maizales ajenos.
Esa maldita palabra “qolloq” le aceleraba el pulso, le amargaba el alma, le inflaba las venas de la cabeza y de las sienes hasta hacérselas reventar. Entonces, casi como un ampi (16), “Buque”, tomaba el camino de las punas más lejanas, Wanakupampa, Oslo o Larigoto, y le gritaba a Yanaqocha, o Lliulliusa su desgracia. A los tres o cuatro días, se aparecía en casa, con algo de carne o frutos.

La rutina, el hastío cumplieron su innoble tarea.
Con cuánto amoroso afán las avecitas depositan huevecillos en sus nidos, cómo los cuidan. Mientras la hembra va formando a sus vástagos, el macho procura incansablemente la comida que deposita en su boca. Los seres más pequeñitos, los más insignificantes tienen una familia, una vida que es sangre de su sangre, cuerpo de su cuerpo, alma de su alma... Pero, para los “Buque”, sólo la sombra, la oscuridad, la negación, la indignidad. El castigo mayor y absoluto... En este fuerte y vigoroso corazón se ha asentado para siempre una semilla maldita, un dolor siempre vivo y la necesidad de no recordar, de atontarse, aunque sea con el trago.

Un buen tiempo, recibió la visita de un personaje limeño, muy curioso y buena gente. Venía a escuchar lo que podía recordar de la vida en el pueblo, de sus trabajos, de sus creencias, en fin. Días y días, venía con pancito, con traguito y con unas máquinas, radio dicen. Yo procuré complacerlo y cuando la memoria me fallaba, mama Killa me lo hacía recordar. No he olvidado al gringo, muy caballero para qué, y solían traerlo buenos amigos míos, como los hermanos Herrera. Ya estaba olvidando tantas cosas, hemos conversado bastante y, bueno pues, ahora ya nada de eso existe.

Tantas cosas lindas que da la vida, cómo florece el campo, cómo grita la madre naturaleza. ¿Para qué diablos sirven la soledad y el silencio?... No tener quien te converse, quién te acompañe a gritar de alegría o de rabia, aunque sea. En cambio, nosotros dos solitos, gastándonos la vida sin interés. Creo que ni la ropa ya nos cambiamos.
Como compadeciéndose de nuestra soledad, mil estrellas brillan en el firmamento, y la esplendorosa luna cumple su camino de ignota inmensidad.

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 ¡Gracias, mamallaya, santa warmi, madre mía, mamacita!....
El encorvado anciano come con desesperación, con la mano. De cuclillas o de pie, en un rinconcito del zaguán. La compasiva señora le ha servido un plato de tallarines, medio fríos, que han quedado del almuerzo. Ha llegado este Zenén, con enorme angustia en el rostro, pidiendo por caridad algo de comida. La dama lo ha despedido diciéndole que ya no hay más, que deje de estar buscando trago, que vaya a su casa y que se cocine.

Alguien dijo que la vida no dura ni lo que dura el brillo de un relámpago, o algo así. Tan chiquito el espacio, tan raudo el paso del tiempo, el camino del río que nunca se detiene y jamás regresa. La vida, ese cúmulo de angustias, de penas, de esfuerzos, de alegrías, de trabajos sin fin. Ese imperativo desgastarse, consumirse, terminarse. La vida: ese montoncito de amaneceres, de anocheceres y otra vez de amaneceres y anocheceres. Cada día, sin embargo, va fijando surcos en el rostro, languideces en la mirada, enmoheciendo los movimientos. ¡Cómo carajo!... Antes, en un solo día, me iba hasta Qellqata a ver la uywa (17) y todavía me sobraba tiempo para ir por sunchu (18) para los quwis (19). Ahora, ¡pucha caraya!, hasta Chiricre me parece lejos. ¿Imá? (20)...

Y, ¡cómo ha caminado esta vida!. ¡Cómo nos ha vencido el tiempo, Zenenllay!.
De aquel insuperable ingeniero hidráulico, maestro de la piedra, sólo queda este anciano, pequeñito, encorvado, de ojillos moribundos, que con paso macilento recorre las calles, implora en las puertas, esquiva a los perros, procurándose algo de comida o una copa de trago. Cuando está atontado con el alcohol, de alguna manera logra llegar al corredor de su humilde casa y se queda dormido, sobre el único y muy gastado cuero de llama que le queda. A la hora que el frío lo atenaza, busca los restos de una envejecida frazada de oveja. Al sentir sobre su frente los primeros signos de la madrugada, Zenén se sentará, buscará alguna sobrita “qotqo” de coca desmenuzada de tantos años, con la vana ilusión de engañar la desesperada y crónica dentellada del hambre.
Y, claro que sus facultades están intactitas. ¿Acaso no ha construido solito el par de pucullus (21) en Kaniche hace algunos años?... ¡Igualito a cómo lo hicieron los antiguos abuelincos, los gentiles hace mil años ya…!
Hasta los años pasados, lograba atenderse de alguna manera. Por lo menos encendía la tullpa o fogón, y tomaba, por lo menos, su agüita de salvia o de huamanripa. Los del pueblo, le encomendaban algún trabajito como colocar piedras en los andenes y ¡claro que cumplía!, porque nadie le había ganado todavía el arte. Pero, conforme han avanzado los años, ha tenido que padecer temporadas completas de males y, ahora, todo está abandonado.
Ya ni ollas quedan, ni un platito. Total, ¿para qué, si no tengo qué comer?. Además, quién se habrá llevado, pues, los que había…, ni recuerdo.
¿Quién me va cuidar las cositas, si no tengo a nadie?.

La pena tuvo que cumplir su estrago maldito. Y claro, empezó con la más débil. Y mama Killa un día me dejó. Se fue... No duró mucho tiempo su enfermedad. Empezaron unos ligeros cólicos. Después de tantos matecitos de paico, siguiendo consejos de algunas vecinas, había ido a la Posta Sanitaria y le habían dado unas pastillitas. Pero, el asunto se agravó muy rápido. Un día cualquiera, mama Killa amaneció quietecita, no se movió más.
“Buque” sabía que sólo le quedaba organizar el funeral. Contrató al Cantor, se tuvo que fiar algún alcohol a cuenta de trabajo, atendió a los parientes y amigos que lo acompañaron en el velorio. Al día siguiente, en el desvencijado catafalco del Cementerio, cargaron a su adorada mama Killa hasta la última morada, envuelto el cuerpo en mantas y frazadas de llama. Después que se hubo separado de la única persona que tenía en la vida, retornó a casa, seguramente borracho. La pichqa (22) se cumplió después. Lavó y quemó las ropas en Mayupata. Todavía le acompañaron algunos lejanos parientes.
Cuando al cuarto o quinto día, se apagaron los rumores de los últimos visitantes, recién se vio solo. Lo atenazó, entonces, la dimensión de su tragedia y lloró como nunca lo había hecho. De esos ojillos que ya acusaban fatigas, brotaron lágrimas de hombre. De sangre. De verdad.

Y, desde entonces, la soledad. El abandono. Meses. Años. Cada día más lacerante, más cruel. Ni siquiera un perrito chaqacha que me acompañe. A ver, ¿dónde está Mama Killa, la única verdad de mi vida? Un día cualquiera, sin anticipármelo, se hundió en el reino de los misterios. Quizá, desde el rubor de alguna nube lejana, podrá estarme mirando. ¡Malhaya suerte, carajo!... Unos cuantos chiwacos se posan en los derrumbados cercos del antiguo corral de ovejas. Después, el silencio de la mudez, la mudez del silencio.
Pero el imperativo de la vida nos obliga a salir. Suplicamos comida, coca, trago, lo que sea. Ayer, nadie nos dio nada. Llegué hasta la casa de la señora que nunca me niega, siquiera pancito seco me da. Pero, su puerta estaba con candado. He regresado temblando de debilidad y he amanecido sudando, decidiendo que, mejor, ya no saldré. Despacio o apurado, iré entrando a un sueño tan profundo, tan inmenso, que no despertaré jamás. Pero, la desgracia es que amanezco todavía, y puedo andar y llegar hasta la capillita de Antara. Desde allí, reclamo en alta voz, suplico a gritos:

 ¡Mama Killa, qaukachiki ripuranki, ¿au?!. ¿Ñoqaqá?, ¿manachu pusawanki?
 ¡Mama Quillaaaaaaaaa...!
 (Mama Quilla, te fuiste tan tranquila, ¿verdad?. ¿Y yo?. ¿Es que no me vas a llevar también?)

Horas más, horas menos, según los días. El eco de tanto dolor estremece y conmueve en extremo a la gente que pasa por ahí.

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Desde que Mama Killa, la amorosa esposa de Zenén Flores Caballa, “Buque” para todos, marchó a la desconocida región de los caminos eternos, han pasado buenos años. La vida del hombre solo, el único ingeniero que se hace obedecer por las piedras enormes o pequeñitas, como si fueran wawas, transcurre monótona, terminándose por gotitas en el hambre, en el traguito que a veces logra alcanzar en alguna fortuita circunstancia.
Muy pocos son los momentos de calma. Ese don Carlos, con el ánimo de animarlo, le gasta bromas:

 Zenen, torre qepachapi, ¿au?.
 (Zenén, con que ¿detrás de la torre, no?).

Comparten alguna secreta aventura, porque el anciano sonríe casi con malicia, como un niño pescado en su primera travesura y responde:

 Ya no hay, papá. Señores, ni espanaypaqpas tariniñachu.
 (Ya no existe, papá. No lo encuentro ni para orinar).
O como cuando el otro amigo, don Jorge, desde lejos le grita:
 Zenén, cunanmi risun, allin pasñaman pusawanki, ah!.
 Zenén, hoy día iremos, me llevarás donde una de tus buenas jóvenes, ah!.
Y la ágil y sonriente respuesta:
 Yo no poide señores, imapaq papay, ¡ya no hay persona!.
 (¿Para qué, papá, señores, ¡ ya no hay persona!).

La enigmática respuesta del caballero de la soledad y la sonrisa triste. Después la reglamentaria copita de trago y la onza de coca que se ganó en buena ley.
Años y años, llevando estoicamente, hombremente, el martirio del abandono y del hambre. Algunas gentes lo veían como un estorbo cuando su figura aparecía caminando dificultosamente. Había quienes lo evitaban, y algunos hasta lo avergonzaban, lo maltrataban. Ni siquiera se detenían un poco a preguntar qué fue de sus animales y chacritas. Dicen que algunos allegados, que ni familiares eran, se los fueron apropiando, hasta dejarlo sin nada.

Han pasado muchos años ya. Tal vez quince, quizás veinte. El pueblo sigue viviendo el vértigo de sus realidades. Días, semanas enteras se enfrasca en sus fiestas, pero sobre todo se mete con sangre y vida a sus trabajos, labrando los surcos en los que deposita las semillas de un mañana sonriente para todos.

 No sé si se ha dado cuenta, usted don Carlitos. Algunas noches, allá lejos, como viniendo de Kontaya o Saqrawa, no sé, se escucha como una música que flota, como un canto, bien triste, despacito nomás. Muchos no escuchan creo, yo sí lo siento, ¿qué será?...

 Ah, sí. Es real. Es la melodía que los cielos dicen mientras van guiando al viejo Buque en su camino a la eternidad. En esos momentos, hay que guardar silencio. Hay que escuchar el canto de mil estrellas reverberantes, que van abriendo nuevas sendas para el hombre que murió de soledad.

NOTAS

(1) Prebiste: Varones encargados de atender a los santos y atienden los sepelios.
(2) Cheqos: piedra sillar blanca.
(3) Lawa: sopita de maíz.
(4) Nacana: aquello que se degüella, carne de oveja, llama o alpaca.
(5) Yachaqcuna: Aquellos que conocen, que saben. Maestros.
(6) Wawa: criatura, bebe.
(7) Qarichapas warmichapas: hombrecito o mujercita.
(8) Ayni: milenario hábito de cooperación voluntaria entre personas.
(9) Waqa: muro en el que se asienta el andén de las chacras.
(10) Wapana: pared doble de piedras, rellenada con tierra y piedras.
(11) Uru qinallaña: como gusanos, de muy intensa actividad.
(12) Punsa: muchachito travieso.
(13) Huqchallatapas: Si quiera unito.
(14) Yachaq: El que conoce la ciencia tradicional, el maestro.
(15) Lotrina: Reunión de fieles en el templo, en horas de la madrugada.
(16) Ampi: Zonzo.
(17) Uywa: Rebaño.
(18) Sunchu: Hierba silvestre de flores amarillas, alimento para los animales.
(19) Quwis: cuyes.
(20) Imá: ¿Qué?.
(21) Pucullus: viviendas preincas de piedra.

sábado, 20 de noviembre de 2010

ANDAMARCA VIVE LA FIESTA DEL DANSAQ


Con el entusiasmo y el espíritu solidario que le es característico, el pueblo de Andamarca (Lucanas-Ayacucho) vive muy a su manera la legítima alegría de conocer que su expresión artística mayor ha sido reconocida por el mundo. En un principio sólo fueron rumores; pero al confirmarse la noticia cundió la espontánea alegría e inundó calles y plazas. Hoy, 18 de noviembre, los andamarquinos niños, jóvenes o ancianos, hombres y mujeres, han hecho un alto en sus tareas cotidianas y se han unido al festejo formando un séquito espectacular al despliegue de ocho dansaq andamarquinos, y sus respectivos maestros arpistas y violinistas. Una vez más, el canto melodioso de sus tijeras ha vencido los espacios en alas del mágico canto de la Danza de las tijeras.

No ha habido cargontes o “maisos” ahora, tampoco contratos ni “barras bravas”. El pueblo sencillo, laborioso está bailando con sus dansaq en esta viva demostración de que efectivamente la danza de las tijeras viene enraizada desde siglos en el alma andamarquina y las generaciones cuidan con celoso afán herencia tan magnífica como propia y consustancial.

El andamarquino exige que su dansaq le exponga danza, baile cadencioso, imaginativo y creador. El cuerpo es apenas el dócil instrumento con el que el dansaq teje filigranas llenas de armonía y color. El dansaq andamarquino sabe que cada “estación” tiene sus propios cánones y no se puede permitir licencias ni mezclas fuera de contexto. El “ensayo” tiene sus propios pasos o “tusuda”, igual que la “patara” o el “siu sau” o el “tipac tipac” y el “wallpa waqay”, entre otras. Y sólo cuando las “estaciones” han sido cumplidas, entonces ha aligerado sus vestimentas y ha demostrado fuerza y desprecio al dolor compitiendo hidalgamente en la estación de la “prueba”. La culminación del “atipanacuy” se ha dado en la “pasta”.

En esta ocasión, no han desafiado a la torre. Tal reto está reservado para el mes de agosto, cuando el agua nueva llegue a fecundar los campos hasta ahora mustios y macilentos, porque este año, injustificadamente, se ha condenado al pueblo a una sequía perniciosa so pretexto de mejorar el canal de Negromayo. Algún día, los culpables tendrán que enfrentar su gravísima responsabilidad. Pero, esto es harina de otro costal. Ya hablaremos.

La alegría ha sido mayor cuando todos hemos confluido en la cuadra seis de nuestra calle central, al frente mismo de la Escuela de Varones donde el entusiasta Chuspicha, maestro dansaq de los buenos, está inaugurando su “Museo de la Danza de las Tijeras”, como complemento natural de su “Escuela de Danzantes de Tijeras”, laudable iniciativa privada que debiera ser realzada e imitada, y sobre todo ayudada, porque él las sustenta con sus estrecheces y exiguos recursos.

No ha pasado tanto tiempo como para olvidar que los andamarquinos, desde ADETURC y nuestro Municipio, solicitamos que los organismos estatales otorgaran un reconocimiento oficial a nuestra Fiesta del Agua y a nuestra Danza de las Tijeras. Cuando el INC nos entregó las Resoluciones Directorales Nº 362 y 363 el año 2005, declarando como Patrimonio Cultural de la Nación a ambas expresiones de la cultura del pueblo, en la legítima alegría que vivimos como ahora, sabíamos que tal distinción no iba a quedar ahí. Sabíamos que se iba a seguir caminando. Y ahí está el resultado: el mundo reconoce a nuestra Danza de las Tijeras. ¿Maimi aqallayquipas maqlla capataz?.

Hoy, mientras seguimos bebiendo del arte singular de estos ocho jóvenes danzaq, en la cadencia de su pasos, en el canto alegre de sus tijeras y en su vigor desafiante, sentimos que, como en sus mejores tiempos, se han unido al enorme cortejo maestros de entrañable recuerdo como el viejo “saqa” Saturno Ramos, Jacinto Flores, Ignacio Inca, Simón Inca “Panqa”, Daniel, Emilio y Nicolás Inca, el “misti” Mariano Ramos, Romualdo Ramos, Alejo Huamaní, Saturno Damián, Víctor Inca, Bernabé Huamaní “Qechele” y tantos otros que dieron nombradía y pasearon por todos los pueblos, con distinción y sapiencia, los quilates de la escuela andamarquina, en el arte inmortal de la Danza de las tijeras.

viernes, 19 de noviembre de 2010

¡YAQARAQ, MASTRUY!... ¡DANSAQ PARA TODO EL MUNDO!


“A mí me gusta ver los danzantes… Pero, cuando se calatean y empiezan a comer sapos y culebras y a meterse agujas por la boca y la nariz, ya no… Yo me voy”…. (Un espectador).

Los noticieros repicaron la información: La Danza de las Tijeras y la Huaconada de Mito han sido declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
En el Perú existe una incontable variedad de danzas populares, de origen folklórico sin duda. La pregunta es ¿qué de especial tiene la danza de las tijeras, cuál es su nota distintiva, porqué la Unesco la ha escogido especialmente y le ha conferido semejante distinción?.... En definitiva ¿qué es, pues, la danza de las tijeras?....

En Andamarca (Lucanas-Ayacucho), las generaciones han nacido y han vivido con la danza de las tijeras. Los juegos infantiles siguen un patrón amoldado al calendario laboral de la comunidad. Por eso se juega escenificando la techa de casas, o el sembrío del maíz, la fiesta del Niño Víctor en diciembre o la fiesta del agua en agosto con sus danzantes de tijeras. Entonces, muy niños aún, bailamos la danza de las tijeras silbando o tarareando las melodías y dos dedos de nuestra mano derecha son las tijeras.

Los días 3 de mayo de cada año, el grupo humano asciende a los cerros principales y baja en hombros las Cruces hasta el atrio del templo, en cortejo precedido por el dansaq.
Pero, la expectativa popular alcanza su máximo esplendor en el mes de agosto, cuando con ansia incontenible damos la bienvenida al Agua que infundirá vida en los campos, que hasta entonces han estado en descanso, luego de haber entregado sus frutos en la cosecha de abril y mayo. El día 24 llega el agua nueva cargada de vida y la anuncia jubiloso el baile elegante y aguerrido de los dansaq. El brillo de sus tijeras vence los espacios y esparce su melodioso mensaje a todos los confines de la tierra.

“El dansaq es andamarquino, - decimos los antamarkas -, porque Andamarca es cuna del dansaq”, repetimos con orgullo. Y debe ser así porque las aulas de aprendizaje, las catedrales de formación están aquí, en Pusa Huayqo, en Poqa, en Pachap Mancan. Tras años de disciplinado estudio y práctica, los nuevos dansaq reciben la “autorización” de los Aukis y Wamanis protectores y salen a desplegar su arte en las plazas de los pueblos. Previamente, las sirenas han infundido su aliento y voz melodiosa e indoblegable a las hojas hembra y macho de sus tijeras.

¿Qué es, pues, la danza de las tijeras?... Para el andamarquino es comunión íntima con la madre naturaleza. El dansaq es un personaje escogido, marcado, señalado desde sus más remotos orígenes para un ministerio muy especial. Por eso, el dansaq se forma. Desde muy niño ingresa bajo la tutela del maestro que se responsabiliza de transmitirle los principios básicos y los secretos que aprendió de otros maestros también. Cuando juzgue que el discípulo está listo, le conducirá a los encuentros con las fuerzas superiores, los Apus y Wamanis, quienes, luego de pactar “los contratos”, le acompañarán cada vez que cumplan su misión, danzando y compitiendo en los pueblos.

Don Cirilo Inca Flores es un maestro dansaq. Con 90 años de edad a cuestas es el patrimonio viviente de la Danza de las tijeras de Andamarca. El maestro Cirilo ya ni recuerda en cuántas plazas, grandes o pequeñas, ha mostrado su arte dancístico y por supuesto, ha competido con los más calificados maestros de su época. Porque la danza de las tijeras es baile primoroso, galano despliegue de coordinación artística entre todas las partes del cuerpo, especialmente los pies, pero también es competencia, es enfrentamiento, es atipanakuy.
Y don Cirilo dice: “El dansaq no es el saltimbanqui del barrio, el dansaq no es el consuelo barato de las plateas. El dansaq es un sacerdote que trata con nuestras divinidades, nuestros Aukis y Wamanis. Por eso, su vida debe teñirse de una mística especial… Es un representante de las fuerzas mayores y, por eso, debe revestir su arte de dignidad y solvencia…” (Ex “Cirilo Dansaq, conversaciones con un Maestro”. Carlos W. Herrera Alfaro-Año 2000). (Un tiempo después, logramos grabar un video -en condiciones muy rudimentarias -, de los principales pasos o “estaciones” con el baile del viejo maestro. De alguna manera, también publicamos dicho video testimonial con el nombre “Sesiones de Danza Mayor con el Maestro Cirilo Apu Inca”).

Primer otrosí: A propósito, ¿sería mucho pedir, se desbalancearía el Presupuesto Nacional si el Estado peruano concediera siquiera una pequeña pensión de gracia a este anciano que ha dedicado su vida a difundir el arte que ahora reconoce la humanidad?...

La danza de las tijeras, desde esta Declaración de la UNESCO, será distinguida en el mundo entero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Motivo de sentida y legítima alegría del pueblo que todavía sabe comprender, respetar y conservar sus tradiciones, sus rituales, las enseñanzas y tradiciones transmitidas de generación en generación. Se desbordará el júbilo popular, no cabe duda. Escucharemos también voces enorgullecidas que nos repetirán: Yo lo hice. Gracias a mí… Y no faltarán las conferencias y disertaciones de los estudiosos que sólo conocen las tragaderas de sapos y espadines, en la mayoría de casos. ¿Quién más autorizado para hablar de la Danza de Tijeras que el mismo dansaq?.

Los andamarquinos, con la mayor sencillez, recordamos que hace algunos años, desde nuestra modesta ADETURC “ASOCIACION PARA EL DESARROLLO DEL TURISMO Y LA CULTURA EN ANDAMARCA” trabajamos con el Municipio de entonces, la idea de solicitar al Instituto Nacional de Cultura un reconocimiento especial para la Danza de las Tijeras y para nuestra Fiesta del Agua. Y recordamos, asimismo, que dicha iniciativa fue coronada cuando el INC expidió las Resoluciones Directorales Nºs 362 y 363-INC-2005 declarándolas Patrimonio Cultural de la Nación. En Andamarca, felizmente, se vienen concretando, asimismo, iniciativas privadas como la Escuela de Danzantes de Tijera que conduce nuestro compoblano el maestro dansaq Froylán Ramos CHUSPICHA, por desgracia impedido de bailar en las plazas públicas debido a problemas de salud. Con exiguos medios a su alcance, en condiciones harto precarias, está alcanzando sus experiencias y enseñanzas a niños y jóvenes llamados al arte. Ha seguido trabajando y en estos días también estará abriendo al público un Museo de la Danza de las tijeras. Desde ADETURC estamos tratando de ayudarle, a pesar de ser cortas nuestras posibilidades. Ojalá pronto lleguemos a publicar sus memorias, compromiso que hemos asumido con él.

El tiempo ha corrido indetenible. Cuán lejanos parecen los días en que nuestro profesor don Teófanes Gallegos Lara nos contaba los recuerdos de su natal San Juan de Lucanas, donde había compartido años de su niñez con José María Arguedas, nuestro Amauta mayor. Transcribamos algunas de sus reflexiones: “Manifestaciones artísticas: Veíamos los Danzantes de tijeras desde niños. Pasábamos hasta noches enteras tras de ellos. El, (José María) tenía un afecto y una afición tremenda, como la tengo yo hasta ahora… Había un danzante que se llamaba Rasu Ñiti. No era de Puquio, ni de Chilques, era un famoso danzante…. Supongo que se inspiró en él para escribir “La Agonía de Rasu Ñiti”… (Ex: “Gaceta Andamarquina”-Nº 3- OCTUBRE-NOVIEMBRE 1981).

El reconocimiento mundial a nuestra danza de tijeras nos enorgullece. Pero también nos plantea la necesaria y acuciante pregunta: ¿Y ahora, qué?. El título está legítimamente ganado, pero ¿cuál es la obligación o el compromiso que conlleva?... ¿Podremos seguir hablando de “Identidad” mientras vemos con impotencia cómo la danza de las tijeras se va “chichizando” poco a poco?... ¿Qué son sino las “fusiones”, las warmi dansaq - danzantes mujeres, y las sucesivas variantes que va imponiendo el afán comercializador o el mercadeo, en los espectáculos presentados sobre todo en Lima?...

Recordamos, con esperanza, que en la década del 70, nuestro distinguido amigo el Dr. Juan Ossio, actual Ministro de Cultura, fue “cuyaq” (invitado de honor) del profesor don Teófanes Gallegos en Andamarca, cuando le tocó “pasar” el cargo de Danzante Mayor de Negromayo. Ha conocido entonces la danza de las tijeras en todo su esplendor, sin “arreglitos” ni “retoques”. Recordamos, también que, por una deferencia especial, el maestro dansaq Albicha bailó la estación de la Agonía en su cabal versión. Los dansaq, difícilmente o casi nunca, exponen este cuadro, porque es la despedida, el cambio final, como lo relatara el gran maestro José María Arguedas.

Segundo otrosí: En este escrito estamos hablando del dansaq de Andamarca, de Lucanas, del sur de Ayacucho. Sabemos que también se practica esta danza en Huancavelica y las partes altas de Arequipa. No conocemos sus interioridades, pero la respetamos y valoramos en su integridad.

(Post scriptum: La obra “Cirilo Dansaq, Conversaciones con un maestro” y el video “Qapia Poqoy Tusuda-Sesiones de Danza Mayor con el Maestro Cirilo Apu Inca”, pueden ser revisadas en INVERSIONES FERREL, Av. Petit Thouars Nº 931-Lima, o en ADETURC, Casa de la Cultura, Plaza de Armas-Andamarca).

domingo, 26 de septiembre de 2010

CONVERSACIONES CON DON JOSE MARIA


Don Teófanes Froylán Gallegos Lara nació en San Juan de Lucanas, en 1913. El año 1920 conoció a José María Arguedas, porque éste fue a vivir allí. Durante cinco o seis inolvidables años, compartieron los mismos asientos durante las primeras experiencias escolares y, sobre todo, forjaron una amistad tan entrañable que sólo la muerte pudo truncar.

Don Teofita cumplió eficiente labor como profesor en mi pueblo. Con mis alumnos del Colegio Nacional de Andamarca (1975), dimos a conocer algunas estampas de sus vivencias con Arguedas, en un Boletín que editábamos a mimeógrafo. El artículo de marras, fue a su vez, reproducido por publicaciones de importancia universitaria y nacional. De aquellos años, he encontrado entre mis papeles, (salvados no sé cómo de la barbarie terrorista) algunos recuerdos de don Teófanes, referidos mayormente a la obra literaria de José María.

1. En la Revista RUNA, publicación del INC, en su edición Nº 6 de noviembre-diciembre de 1977, pg. 11, el señor Moisés Arroyo, dice lo siguiente: “José María Arguedas fugó de la casa paterna y se refugió en una hacienda que está en la provincia de Puquio, la hacienda Viseca… La abuela paterna de Arguedas casó en segundas nupcias con Peñafiel, propietario de Viseca…, por eso Arguedas corre a refugiarse con su abuela…, él era casi un autodidacta y su abuela fue su maestra y le enseñó a leer…”

DON TEOFA: NO!. Ni se fugó ni se refugió… José María, Pepe como le llamábamos, iba a Viseca de vez en cuando, a visitar a su tío don José Perea, que estaba casado con doña Zoila Peñafiel, una de las propietarias de la hacienda Viseca que está en los bajíos de San Juan. Don José Perea, era hermano del Dr. Víctor Manuel Arguedas, padre de José María. Eran hermanos de madre solamente. Y Zoila Peñafiel era hermana de Carlos Peñafiel, propietarios ambos de Viseca. Como a Pepe le gustaba mucho el campo, la siembra, estar con los peones, dormir en la chacra, siempre iba a Viseca… Estuvimos en la Escuela, aprendimos a leer y escribir con nuestra maestra Nieves Bedriñana y luego su hermana Estela. Nos llegamos a querer y comprender tanto que vivíamos como hermanos…

2. Sobre Rendón Willka, de “Todas las sangres”…

En la Escuela no había un Rendón. Sí había un Fermín Rendón, que vivía en el Barrio de Santa Bárbara. Pero no estudió en la Escuela, ni estuvo con nosotros…

3. Viseca y Justina…

Es muy cierto lo del cuento “Warma Kuyay”. El se enamoró de la Justina, la sirviente de don Carlos. El estaba locamente enamorado, pues era sumamente romántico y, al ver que el peón (el Kutu) le hacía los amores, él sufría sin poder hacer nada, porque ante un hombre… El era todavía un niño. Sin embargo, estaba enamorado. Por eso cantaba: “Noche de luna en la quebrada de Viseca, pobre palomita por dónde has venido, buscando la arena, por Dios, por los suelos…” El Witron era una construcción hecha de piedras de alaymosca, en forma de un cuadrado como un depósito, donde se guardaba la paja, la chala, etc…

4. Lucanas india, mamay doña Caytanaman…


Doña Cayetana era la sirvienta de doña Grimanesa Arangoitia, casada con don Víctor Manuel Arguedas. Cayetana lo quería bastante a José María, lo atendía, lo hacía comer en la cocina. Cayetana siempre velaba por ellos, por su hermano Arístides más. Posteriormente, José María nunca se olvidó de Cayetana… Le enviaba sus libros para que vendiéndolos pudiera mantenerse. Igual le mandaba regalos. Siempre le guardó un afecto especial. Yo mismo fui conductor de sus regalos para Cayetana, en algunas ocasiones.

5. Manifestaciones artísticas…

Veíamos los Danzantes de tijeras desde niños. Pasábamos hasta noches enteras tras de ellos. El, tenía un afecto y una afición tremenda, como la tengo yo hasta ahora… Había un danzante que se llamaba Rasu Ñiti. No era de Puquio ni de Chilques, era un famoso danzante… Supongo que se inspiró en él para escribir “La agonía de Rasu Ñiti”…

6. Teofacha y su vaca, la “Gringacha”…

Bueno, es cierto que yo tenía la vaca “Gringacha”. La vaca hacía daño a veces y la llevaban al coso o al corral de la dueña de los pastales, doña Grimanesa. Muchas veces, yo invitaba a José María a tomar leche a mi casa y, como él dice, arreábamos a la Gringacha, por un camino llamado Oqe Oqe y subíamos la cuesta agarrándonos de su cola…

7. Arguedas, alumno…

Era juguetón, muy reilón. Sirempre estaba riéndose, siempre alegre, en los paseos, en el “cuchi mansay”… Dentro de clase éramos, por entonces, más serios, más formales, había más disciplina, claro que un poco traviesos, pero no tanto… Posiblemente, él guardaría sus sentimientos para sus adentros, pero a solas, o cuando conversaba conmigo o con su hermano. En la escuela, era siempre juguetón, reilón, cualidad que siempre tuvo hasta los últimos días de su vida. Posiblemente, él en sus adentros sufría por esa vida de huérfano… Jugábamos tartafondo, el wikullo, el mundo, el payaso, las espiguas. También se trompeaba algunas veces. Ganaba, también perdía… Era amante al box. Inclusive, cuando años más tarde, regresó a Puquio, me regaló un par de guantes y me enseñó un poco de boxeo, ciertas poses, maneras de boxear… Le gustaba el box. En Lima siempre estaba en las peleas internacionales, sabía los pesos y todas esas cosas del deporte de los puños…

8. El paisaje: San Juan…

San Juan es un distrito muy antiguo, antes capital de la provincia de Lucanas… Tiene varios anexos, que son: Aqola, Uteq y Pampahuasi que está en las punas… Como sitios pintorescos: Santa Bárbara, que es una pequeña colina que está junto al pueblo, donde íbamos de paseo. Viseca es una hacienda de los hermanos Peñafiel, que está en los bajíos, aún más abajo que el pueblo de Uteq, donde actualmente están las minas… La pampa de Uteq que era el granero de San Juan, producía muy buen maíz. Actualmente toda esta pampa está cubierta de relave… Esa pampa tan hermosa, una tierra ubérrima…

9. El Reparto de Aguas…

El Repartidor de Aguas o Mandón, era uno solo para todo el año. Todos los domingos, en la plaza de Armas, repartía el agua para la semana. Todos los regantes iban a pedir agua, como actualmente todavía se hace en Puquio, Lucanas y otros pueblos… Todos se disputaban. Era un bullicio tremendo. Como también mi mamá iba a pedir agua, estábamos siempre viendo con José María, su hermano Arístides y otros muchachos de la escuela… Realmente, que haya muerto Pantaleoncha, Pantacha como le decíamos nosotros, en algún Reparto de Aguas, no. Es un personaje real, por supuesto. No era escolero. Era un comunero de Aqola, se llamaba Pantaleón Montoya. Era muy hablador. Siempre andaba con los curas. Antes iban a lomo de bestia hasta Huamanga… Una vez, después de esos viajes, Pantacha regresó diciendo: “Ya soy Párroco de Luricocha, así es que soy cura”. Era muy gracioso, conversador… Todo cura que llegaba, él se presentaba inmediatamente, era muy servicial…

10. La separación…

José María salió primero de San Juan… Como su padre fue cambiado de la Judicatura, se marcharon, pero no me dijo a dónde… Su esposa se quedó, no viajó con ellos; como tenía sus propiedades, sus chacras… Ella murió últimamente en Lima. Conoció, por supuesto que conoció la fama de Arguedas como escritor e intelectual… Ya jovencito, yo visitaba a la señora. Era muy buena conmigo…

11. El reencuentro en Lima…

Yo contaba más o menos con 22 ó 23 años, Pepe era mayor que yo por dos años… No me refirió dónde había estado todos esos años… Sé que estudió en Abancay, después en Ica y finalmente, en San Marcos, en Lima… Yo integraba, como quenista, un Conjunto de música folklórica. Tocábamos en Radio Nacional y Radio Central. José María siempre andaba con nosotros, aconsejándonos, guiándonos y representándonos… Cantaba. Nunca bebía licor, aún cuando era capaz de amanecerse, haciendo música con nosotros…

12. Recuerdos, recuerdos, recuerdos…

Yo conocí al Dr. Víctor Manuel, su padre. Una vez, fue a mi casa, en compañía del cura Marcelino Prado, a felicitar a mi mamá por un discurso muy elocuente que yo había pronunciado, sin jactancia. Siempre Arístides, Pepe y yo, como también los otros muchachos, interveníamos en las actuaciones… Ya la profesora sabe quiénes son los más predispuestos, ¿no?... Arístides era más aficionado a escribir. Hacíamos composiciones, cuentos, etc. Lamentablemente, no guardo nada de esa época… También Bankucha salía en las actuaciones, de modo que no sólo descollaba como wikullero… También nosotros le ganábamos en las competencias, para atravesar con el wikullo el río Wallpamayo desde Wanupata, o también el eucalipto… Había un altísimo eucalipto en el cementerio. Desde la esquina debíamos arrojar el wikullo… Unas veces ganaba Pepe, otras yo o Bankucha… Lo de “wiksa” (barrigón) le decía Bankucha, no porque fuera gordito. Pepe tenía una contextura media, ni gordo ni flaco. Wiksa es un insulto quechua que se dice a los chicos, como decirle “punsa”… Pablo o Felipe Maywa, era cornetero. Era de Aqola. Puza era de Uteq. Eran los comuneros más caracterizados y circunspectos de su grupo. Siempre tratábamos con ellos. Tal vez por eso los recuerda en “Los ríos profundos”. La rivalidad entre comunidades solamente se daba en las fiestas. En los danzantes, por ejemplo, los de Aqola sacaban un atajo. Entonces, había un contrapunteo con el atajo de San Juan. “Señoaqola” les decíamos. Ellos eran muy guapos, muy impetuosos, venían con sus danzantes, muy desafiantes. Pero, ello ocurría solamente en las fiestas, como repito…
Los Peñafiel de Viseca, eran de procedencia ecuatoriana, por eso les decíamos “monos”… en nuestros encuentros en Lima, a José María le gustaba mucho hablar y cantar en quechua. Sobre todo, los insultos en quechua eran su especialidad. Era todo un maestro. Tenía una gran colección de tales insultos… a mí, me ganaba siempre…