La noticia corrió como reguero de pólvora.
Octubre de 1982. Dicen que lo han recogido de la calle. Parece que estaba muerto, dicen. ¿Quién?... ¡Ah, el pobre Buque, dicen!...
Efectivamente, Zenén Flores Caballa, “Buque” para todos, había coronado su peregrinaje con todas las de la ley: se había muerto en la calle, mirándole de frente la cara al cielo. Ese corazón robusto, machazo, había reventado. Casi noventa años de intensa y desigual batalla habían terminado por rendirlo.
El viejo Buque había llegado a su frontera final, se había terminado, pues. Solo. Heroicamente solo. Acusadoramente solo. Se había muerto de abandono en el espacio abierto, ante la avergonzada mirada del sol.
Personas que pasaban circunstancialmente, compasivas, lo recogieron, lo cargaron a su casa, y lo acomodaron en el corredorcito, pensando que podría estar durmiendo una tranca sensacional. Pero, alguien más preocupado auscultó el pulso y se asustó. Por eso llamaron al Sanitario y avisaron también a la policía.
Amortajado en raídas vestiduras, envuelto en su descolorido poncho, cargado en el esquelético catafalco de los sin nada, está avanzando, ahora, en hombros de cuatro voluntarios prebistes (1), a ver si alcanza algún sitiecito en el cementerio de Millupampa. Lo acompañan dos o tres personas y ya ni atiende a los rezos incomprensibles del cantor. Se ha disipado, tal vez, el olor de las últimas velas que almas compasivas, anoche, encendieron a su derredor, en el patio de la desvencijada vivienda.
El aire ensombrecido está vestido de negro intenso, de luto riguroso. La boca más descarnada de la triste pobreza ha sido abierta. No se escuchan los gorjeos de las aves ni el canto rumoroso del río. Tan sólo el vacío, la angustia, la nada.
Esa cansada figura del anciano mendicante, que arrastrando sus pasos, imploraba con angustia por un bocado de pan, ya no estará más. Ha viajado sin prisa, tal vez con esperanzada alegría. Lo han llamado para edificar una inmensa torre en el Qoropuna, a base de cheqos (2) que pulirá con su intacta maestría. Todavía no sabe Zenén que la torre se derrumbará por las noches. Y él estará todos los días, en primera fila, acullicando su coca y ordenando sabiamente las estructuras. Hacia allá ha partido el maestro. No volverá. Ya no.
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Un mozo joven, no mal parecido, recibe el plato de humeante lawa (3) que la amorosa esposa le ha servido en el “almozo” de la mañana, antes de enfrentarse con las tareas del día:
Gracias, Mama Killa, mamallaya, gracias.
(Gracias, madre Luna, madrecita, gracias).
Mikuchaykuy taytay, mikuchaykuy. Ñoqaqa vacamanñamiki pasasaq. Docekita apakunki.
(Coma usted, padre. Yo iré enseguida a la vaca. No olvidará usted de llevar su “doce” o almuerzo).
La amorosa esposa, se despide y ambos están, ahora, camino a sus diarios quehaceres. Y esta es la estampa de felicidad compartida que los esposos don Zenén Flores Caballa y doña María Quillas protagonizan a diario en su cálida vivienda.
La caminata hasta el lugar del trabajo, es buen pretexto para recordar...
Don Casimiro Flores “Buque”, su padre, lo había ido formando emprendedor, laborioso, y muy hábil en el manejo de la piedra, cuyos secretos se encargó de transmitirle en durísimas jornadas. Llegado el tiempo, convencido que la vida debería abrir sus caminos, propició el casamiento del primogénito, con todas las de la ley: “chawachamanta”. Fue un tremendo afán...
La noche anterior, después que el pongo o maestro, seleccionara tres candidatas para su esposa, leyendo en la biblia de las hojas de la coca, acudieron en busca de la compañera escogida. No ha habido fortuna en casa de la primera novia propuesta. Han debido actuar con sagacidad e insistencia con la segunda. Los argumentos han sido convincentes. Con lágrimas en los ojos, los padres han entregado a su hija, la pareja escogida para Zenén...
Éste, ya al amanecer, se ha visto en la mesa de honor, en compañía de la flamante compañera de su vida. ¡Claro que los festejos fueron completos, a todo dar!. Luego que la futura consorte llegara a la casa, las nacanas (4) entraron a las ollas, la chicha de jora circuló a raudales, el arpa no dejó de cantar con el arte insuperable de Pablo “Azucar” Flores su tío, y los “perdonanakuy” y “reqsenakuy” se sucedieron desde que el Alcalde asentó la respectiva Partida de Matrimonio, declarándolos oficialmente marido y mujer. Como buenos padres, Casimiro y su esposa entregaron un terrenito, en calidad de dote, para la futura casa. De parte de los familiares de la novia también hubo dote, de manera que ahora poseían, además, una vaca y una chacra.
Zenén, nunca dejaría de recordar los temores y pulcritudes de la novia en la primera noche de amor. Pero todo fue cumplido conforme aconsejaron los padrinos, yachaqkuna, (5) y ahora compartían una vida plena de emociones, de alegría y de felicidad. Ganado por la extraordinaria afabilidad de su “tuya”, su compañera y esposa, el joven consorte aprendió a nombrarla como “mama Killa”, “Madre Luna”.
Como es normal, recién casados, tuvieron que pasar el cargo de Ñawin en la Fiesta de la Yarqa, en agosto. Y vaya que lo hicieron con todas las de la ley. Atendieron la visita de muchos cuyaq o amigos, de la mejor manera. A este efecto, hubieron de comprar nacanas y trago y se preparó buena chicha de jora.
Pero, qué será...
Algo raro y pesado hay en el ambiente y la gente está hablando. Cinco años de esta unión, de matrimonio y, todavía nada. No ha llegado la “wawa” (6), a completar la felicidad. De verdad que también Zenén se está preocupando hace ya buenos meses. Se consuela convenciéndose que poco a poco, las cosas se arreglarán y que no tardará en llegar harta prole. Qarichapas, warmichapas (7), una docena, por lo menos, para cumplir “las doce estaciones”.
Actualmente, está ayudando a su padre en los trabajos del puente de Negro Mayo, como antes lo hiciera en el puente de Markanta. Desde muy pequeño conoce el mundo mágico e insondable de la piedra. Ha aprendido a amalgamarlas en los eternos andenes, luego de una cuidadosa selección. A su padre, la Comunidad le había asignado el apelativo de “Buque”, precisamente por esa insuperable ingeniería en la piedra.
Para el actual trabajo, es fundamental la unión y fortaleza de la comunidad. En Huaqesa, han sido talladas las piedras de cheqo, para después ser trasladadas en hombros, por la orilla del río. Para este puente de Negromayo, la cosa ha resultado más brava por la distancia. Ha debido vencerse la difícil cuesta por Wayrincayoj y Pusa. Ya con los materiales acarreados, se ha preparado suficiente argamasa con izcu, cal y huevos de perdiz o yutu. En un par de meses más, podremos estar transitando por el puente que nos va a comunicar con Qellqata, beneficiando a los comuneros, especialmente a los crianderos del sector.
Por otro lado, no faltan quehaceres en el pueblo, tampoco. Cuando nos libremos de esta obra, vamos a trabajar en las chacritas. Hay que cumplir muchos aynis (8). Dijeron de parte de los suegros, que se les ha derrumbado waqas (9) y wapanas (10) en sus chacritas de Chulluca y Chiricriqata. Será necesario darse un tiempecito, porque pronto va a llegar la época del sembrío.
Por su parte, como todos los días, Mama Killa ordeñará la vaquita, hará el quesito, traerá a los animales a tomar agua en Puquioqta, luego separará el becerro para que la vaca guarde leche para mañana.
Cuando retorne en la noche, ya estará esperándome con la lawa de chochoqa y el aguita de salvia o achicoria. A ver si a fin de mes, nos damos un tiempecito para que, siguiendo los consejos de algunos parientes, mama Natalia, la curandera y matrona del pueblo, la examine nuevamente. Qué estará pasando, porqué las wawas no están llegando.
Bueno, a trabajar, ya llegamos a la obra.
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El maestro “Buque”, había nacido para la piedra. En poco tiempo alcanzó la perfección de su arte con ella. Casi sin darse cuenta, la Comunidad empezó a nombrarlo también “Buque”, como al padre. Se erigió como el arquitecto más solicitado para construcciones. Con su progenitor y otros maestros, había culminado la gigante torre de la Iglesia, bajo la guía de don Calixto Quispe. Este sí que fue un trabajazo, mamallay mama. Cómo luchó la gente. Uru qinallaña,(11) traían el cheqo labrado desde las canteras de Huaqesa en Aqaimarca. Ya en la plaza, le daban la perfección final, la esculpida exacta antes de colocarlos en el sitio preciso. Así fue armándose la colosal estructura, con sus bóvedas secundarias, la escalerilla de acceso y la cúpula principal. Cuando la Cruz fue entronizada en su capitel, mirar abajo, a la calle, hacía dar vueltas a la cabeza. Era como sentirse un poco en el cielo. Cada que avanzaba más el trabajo, las cosas se complicaban por la responsabilidad. Cuántas noches, “Buque” despertaba sudando copiosamente, pidiendo auxilio. ¡La inmensa construcción se les venía encima y aplastaba a todos!. Mama Killa lo calmaba, entonces, y le preparaba manzanilla o valeriana. Esta angustia, lo atenazaba sin calma y, bien de madrugada, corría donde Calixto o donde “Sánchez Cerro” el otro arquitecto, a pedirles nuevos cálculos, que revisaran las trenzadas de las piedras, los cimientos, la calidad de las argamasas. Y así lo cumplían. Terminaban convenciéndose que todos morirían de viejos y que la torre andamarquina resistiría incólume el paso de los siglos. Alguien, pensando en las generaciones venideras, grabó en la dura piedra: “193l. Calixto Quispe, Maestro. Zenén Flores. Francisco Tito, Agente Municipal. Andrés Ramos, Teniente”.
Con enorme prestigio como honrado trabajador y comunero ejemplar, sin embargo, nunca había logrado sortear el gran reto de su vida. Habían ido pasando los años, los trabajos iban en aumento, había progreso. Construyó su propia casa, cómoda, con su patio, su corredor y espacios para “las chitas” y la leña. Las vaquitas también habían aumentado y se contaban algunas chacras más. Pero, la soñada y reclamada wawita, sigue demorando para nuestra desesperación, se niega a llegar.
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Mañana de intenso azul en Andamarca. El frío ha mordido con cólera esta vez. Las aguas se han congelado en todas las acequias y parecen rocas fuertes que resisten nuestras pisadas. Felizmente el solcito ya está auxiliando a los mortales. Seguro que cazorlita, el “cruzao” y otros punsas (12) van a sacar los bloques de hielo para comérselos con deleite.
Una apresurada pareja cruza la calles, ya ni atiende a quienes les pasan la voz. Es que tienen verdadera desesperación por llegar al Barrio de Qarmenqa. De purita casualidad, mama Quilla ha escuchado comentar a unos vecinos sobre un curandero que, dicen, ha llegado recién y tiene grandes aciertos. Hablan que muchos lo están visitando, sobre todo las mujeres, en procura de un alivio para sus males. Después de muchas dudas, Killa se había animado a consultar a tayta Zenen, con cierta vergüenza, si valdría la pena intentarlo una vez más. El renacer de un pequeñito resquicio para la esperanza no los ha dejado dormir. Por eso ahora, no caminan: vuelan en busca del arcano, implorando con desesperación que el destino les conceda siquiera un hijito, no importa, hukchallatapas (13).
Para qué nos ha servido haber progresado si las esperadas wawas no llegaron nunca. Recurrimos a todos los yachaq (14) pero ninguno nos pudo señalar la causa del castigo. Todo, aparentemente, en los cuerpos funcionaba bien. Las relaciones de marido y mujer nunca tuvieron problemas, pues jamás ninguno esquivó sus obligaciones. Pero...
Mama Killa se había acostumbrado a cargar su pena con resignación y dignidad. La gente tampoco se acordaba ya de su desgracia. A cuántos pueblos habían llegado, en busca del remedio para la infertilidad, pero nada. A pesar de todo, siempre ocultaban alguna secreta esperanza en algún rinconcito de su ilusión. La mujer, a escondidas, preparaba ropitas, practicaba tejer rústicas mediecitas, hasta que sentía las violentas sacudidas de la cruel realidad. Entonces deshacía todo y lo arrojaba con cólera al río.
Para colmar su desdicha, esta última posibilidad se ha esfumado, igualito que todas. El maestro ha calculado el pulso de la mujer, ha tocado repetidas veces el cuerpo con diferentes objetos: conchas marinas, piedrecillas raras; le ha hecho tomar infusiones con trago y, después de haber preguntado a la sabia coca, ha movido angustiado la cabeza. Les ha dicho que tal vez, quizá, pero que no garantizaba nada.
Como queriendo compensarse ante el pueblo por este baldón, “Buque” asumió con rabia todos los cargos: fue Alcalde tomero, estanque o punta, varias veces; también en Chimpa, aunque no le correspondía. Desempeñó todas las obligaciones comunales con verdadero ahínco, y cumplió con estricto rigor todos los cargos religiosos. De manera que llegó a ser un comunero consumado, a carta cabal. Todos en el pueblo así lo reconocían. Cuando se iniciaron los afanes para construir la carretera por iniciativa de los mistis, estuvo en primera fila, guiando con su conocimiento a los trabajadores de la comba. Allí donde había necesidad de crear badenes, construír relejes o encauzar riachuelos debía estar “Buque”. Él y “Sánchez Cerro” Quillas comandaron el batallón de ingenieros en la construcción del puente en Tinkúwa.
A pesar de todo, la soñada wawa, no llegó jamás. Y la soledad, la falta de calor familiar iba royendo sus almas, fabricándoles sentimientos de resentida resignación y, últimamente, hasta de indiferencia y hastío. Conocedores de su tragedia, sin embargo, ambos procuraron no abandonarse, no hundirse en la negra cueva de la desesperanza. En silencio, firmaron el pacto de fundirse en una sola alma, defenderse con una sola envoltura de dignidad y coraje, tejida con cariño y mutua compasión. El pueblo se había acostumbrado a aceptarlos en las fiestas, en los trabajos, en las “lotrinas” (15), siempre juntos, pero qué solos también. Ya no recordaban los problemas que su falta de descendencia podría traer a la comunidad.
Qolloqkuna, qamkunapa kausapim qasapas”, “estériles, secos, por culpa de ustedes nos vienen las heladas”-, solían decirle los más rabiosos, cuando se peleaban por el agua o porque alguno de sus animalitos hizo “daño” en maizales ajenos.
Esa maldita palabra “qolloq” le aceleraba el pulso, le amargaba el alma, le inflaba las venas de la cabeza y de las sienes hasta hacérselas reventar. Entonces, casi como un ampi (16), “Buque”, tomaba el camino de las punas más lejanas, Wanakupampa, Oslo o Larigoto, y le gritaba a Yanaqocha, o Lliulliusa su desgracia. A los tres o cuatro días, se aparecía en casa, con algo de carne o frutos.
La rutina, el hastío cumplieron su innoble tarea.
Con cuánto amoroso afán las avecitas depositan huevecillos en sus nidos, cómo los cuidan. Mientras la hembra va formando a sus vástagos, el macho procura incansablemente la comida que deposita en su boca. Los seres más pequeñitos, los más insignificantes tienen una familia, una vida que es sangre de su sangre, cuerpo de su cuerpo, alma de su alma... Pero, para los “Buque”, sólo la sombra, la oscuridad, la negación, la indignidad. El castigo mayor y absoluto... En este fuerte y vigoroso corazón se ha asentado para siempre una semilla maldita, un dolor siempre vivo y la necesidad de no recordar, de atontarse, aunque sea con el trago.
Un buen tiempo, recibió la visita de un personaje limeño, muy curioso y buena gente. Venía a escuchar lo que podía recordar de la vida en el pueblo, de sus trabajos, de sus creencias, en fin. Días y días, venía con pancito, con traguito y con unas máquinas, radio dicen. Yo procuré complacerlo y cuando la memoria me fallaba, mama Killa me lo hacía recordar. No he olvidado al gringo, muy caballero para qué, y solían traerlo buenos amigos míos, como los hermanos Herrera. Ya estaba olvidando tantas cosas, hemos conversado bastante y, bueno pues, ahora ya nada de eso existe.
Tantas cosas lindas que da la vida, cómo florece el campo, cómo grita la madre naturaleza. ¿Para qué diablos sirven la soledad y el silencio?... No tener quien te converse, quién te acompañe a gritar de alegría o de rabia, aunque sea. En cambio, nosotros dos solitos, gastándonos la vida sin interés. Creo que ni la ropa ya nos cambiamos.
Como compadeciéndose de nuestra soledad, mil estrellas brillan en el firmamento, y la esplendorosa luna cumple su camino de ignota inmensidad.
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¡Gracias, mamallaya, santa warmi, madre mía, mamacita!....
El encorvado anciano come con desesperación, con la mano. De cuclillas o de pie, en un rinconcito del zaguán. La compasiva señora le ha servido un plato de tallarines, medio fríos, que han quedado del almuerzo. Ha llegado este Zenén, con enorme angustia en el rostro, pidiendo por caridad algo de comida. La dama lo ha despedido diciéndole que ya no hay más, que deje de estar buscando trago, que vaya a su casa y que se cocine.
Alguien dijo que la vida no dura ni lo que dura el brillo de un relámpago, o algo así. Tan chiquito el espacio, tan raudo el paso del tiempo, el camino del río que nunca se detiene y jamás regresa. La vida, ese cúmulo de angustias, de penas, de esfuerzos, de alegrías, de trabajos sin fin. Ese imperativo desgastarse, consumirse, terminarse. La vida: ese montoncito de amaneceres, de anocheceres y otra vez de amaneceres y anocheceres. Cada día, sin embargo, va fijando surcos en el rostro, languideces en la mirada, enmoheciendo los movimientos. ¡Cómo carajo!... Antes, en un solo día, me iba hasta Qellqata a ver la uywa (17) y todavía me sobraba tiempo para ir por sunchu (18) para los quwis (19). Ahora, ¡pucha caraya!, hasta Chiricre me parece lejos. ¿Imá? (20)...
Y, ¡cómo ha caminado esta vida!. ¡Cómo nos ha vencido el tiempo, Zenenllay!.
De aquel insuperable ingeniero hidráulico, maestro de la piedra, sólo queda este anciano, pequeñito, encorvado, de ojillos moribundos, que con paso macilento recorre las calles, implora en las puertas, esquiva a los perros, procurándose algo de comida o una copa de trago. Cuando está atontado con el alcohol, de alguna manera logra llegar al corredor de su humilde casa y se queda dormido, sobre el único y muy gastado cuero de llama que le queda. A la hora que el frío lo atenaza, busca los restos de una envejecida frazada de oveja. Al sentir sobre su frente los primeros signos de la madrugada, Zenén se sentará, buscará alguna sobrita “qotqo” de coca desmenuzada de tantos años, con la vana ilusión de engañar la desesperada y crónica dentellada del hambre.
Y, claro que sus facultades están intactitas. ¿Acaso no ha construido solito el par de pucullus (21) en Kaniche hace algunos años?... ¡Igualito a cómo lo hicieron los antiguos abuelincos, los gentiles hace mil años ya…!
Hasta los años pasados, lograba atenderse de alguna manera. Por lo menos encendía la tullpa o fogón, y tomaba, por lo menos, su agüita de salvia o de huamanripa. Los del pueblo, le encomendaban algún trabajito como colocar piedras en los andenes y ¡claro que cumplía!, porque nadie le había ganado todavía el arte. Pero, conforme han avanzado los años, ha tenido que padecer temporadas completas de males y, ahora, todo está abandonado.
Ya ni ollas quedan, ni un platito. Total, ¿para qué, si no tengo qué comer?. Además, quién se habrá llevado, pues, los que había…, ni recuerdo.
¿Quién me va cuidar las cositas, si no tengo a nadie?.
La pena tuvo que cumplir su estrago maldito. Y claro, empezó con la más débil. Y mama Killa un día me dejó. Se fue... No duró mucho tiempo su enfermedad. Empezaron unos ligeros cólicos. Después de tantos matecitos de paico, siguiendo consejos de algunas vecinas, había ido a la Posta Sanitaria y le habían dado unas pastillitas. Pero, el asunto se agravó muy rápido. Un día cualquiera, mama Killa amaneció quietecita, no se movió más.
“Buque” sabía que sólo le quedaba organizar el funeral. Contrató al Cantor, se tuvo que fiar algún alcohol a cuenta de trabajo, atendió a los parientes y amigos que lo acompañaron en el velorio. Al día siguiente, en el desvencijado catafalco del Cementerio, cargaron a su adorada mama Killa hasta la última morada, envuelto el cuerpo en mantas y frazadas de llama. Después que se hubo separado de la única persona que tenía en la vida, retornó a casa, seguramente borracho. La pichqa (22) se cumplió después. Lavó y quemó las ropas en Mayupata. Todavía le acompañaron algunos lejanos parientes.
Cuando al cuarto o quinto día, se apagaron los rumores de los últimos visitantes, recién se vio solo. Lo atenazó, entonces, la dimensión de su tragedia y lloró como nunca lo había hecho. De esos ojillos que ya acusaban fatigas, brotaron lágrimas de hombre. De sangre. De verdad.
Y, desde entonces, la soledad. El abandono. Meses. Años. Cada día más lacerante, más cruel. Ni siquiera un perrito chaqacha que me acompañe. A ver, ¿dónde está Mama Killa, la única verdad de mi vida? Un día cualquiera, sin anticipármelo, se hundió en el reino de los misterios. Quizá, desde el rubor de alguna nube lejana, podrá estarme mirando. ¡Malhaya suerte, carajo!... Unos cuantos chiwacos se posan en los derrumbados cercos del antiguo corral de ovejas. Después, el silencio de la mudez, la mudez del silencio.
Pero el imperativo de la vida nos obliga a salir. Suplicamos comida, coca, trago, lo que sea. Ayer, nadie nos dio nada. Llegué hasta la casa de la señora que nunca me niega, siquiera pancito seco me da. Pero, su puerta estaba con candado. He regresado temblando de debilidad y he amanecido sudando, decidiendo que, mejor, ya no saldré. Despacio o apurado, iré entrando a un sueño tan profundo, tan inmenso, que no despertaré jamás. Pero, la desgracia es que amanezco todavía, y puedo andar y llegar hasta la capillita de Antara. Desde allí, reclamo en alta voz, suplico a gritos:
¡Mama Killa, qaukachiki ripuranki, ¿au?!. ¿Ñoqaqá?, ¿manachu pusawanki?
¡Mama Quillaaaaaaaaa...!
(Mama Quilla, te fuiste tan tranquila, ¿verdad?. ¿Y yo?. ¿Es que no me vas a llevar también?)
Horas más, horas menos, según los días. El eco de tanto dolor estremece y conmueve en extremo a la gente que pasa por ahí.
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Desde que Mama Killa, la amorosa esposa de Zenén Flores Caballa, “Buque” para todos, marchó a la desconocida región de los caminos eternos, han pasado buenos años. La vida del hombre solo, el único ingeniero que se hace obedecer por las piedras enormes o pequeñitas, como si fueran wawas, transcurre monótona, terminándose por gotitas en el hambre, en el traguito que a veces logra alcanzar en alguna fortuita circunstancia.
Muy pocos son los momentos de calma. Ese don Carlos, con el ánimo de animarlo, le gasta bromas:
Zenen, torre qepachapi, ¿au?.
(Zenén, con que ¿detrás de la torre, no?).
Comparten alguna secreta aventura, porque el anciano sonríe casi con malicia, como un niño pescado en su primera travesura y responde:
Ya no hay, papá. Señores, ni espanaypaqpas tariniñachu.
(Ya no existe, papá. No lo encuentro ni para orinar).
O como cuando el otro amigo, don Jorge, desde lejos le grita:
Zenén, cunanmi risun, allin pasñaman pusawanki, ah!.
Zenén, hoy día iremos, me llevarás donde una de tus buenas jóvenes, ah!.
Y la ágil y sonriente respuesta:
Yo no poide señores, imapaq papay, ¡ya no hay persona!.
(¿Para qué, papá, señores, ¡ ya no hay persona!).
La enigmática respuesta del caballero de la soledad y la sonrisa triste. Después la reglamentaria copita de trago y la onza de coca que se ganó en buena ley.
Años y años, llevando estoicamente, hombremente, el martirio del abandono y del hambre. Algunas gentes lo veían como un estorbo cuando su figura aparecía caminando dificultosamente. Había quienes lo evitaban, y algunos hasta lo avergonzaban, lo maltrataban. Ni siquiera se detenían un poco a preguntar qué fue de sus animales y chacritas. Dicen que algunos allegados, que ni familiares eran, se los fueron apropiando, hasta dejarlo sin nada.
Han pasado muchos años ya. Tal vez quince, quizás veinte. El pueblo sigue viviendo el vértigo de sus realidades. Días, semanas enteras se enfrasca en sus fiestas, pero sobre todo se mete con sangre y vida a sus trabajos, labrando los surcos en los que deposita las semillas de un mañana sonriente para todos.
No sé si se ha dado cuenta, usted don Carlitos. Algunas noches, allá lejos, como viniendo de Kontaya o Saqrawa, no sé, se escucha como una música que flota, como un canto, bien triste, despacito nomás. Muchos no escuchan creo, yo sí lo siento, ¿qué será?...
Ah, sí. Es real. Es la melodía que los cielos dicen mientras van guiando al viejo Buque en su camino a la eternidad. En esos momentos, hay que guardar silencio. Hay que escuchar el canto de mil estrellas reverberantes, que van abriendo nuevas sendas para el hombre que murió de soledad.
NOTAS
(1) Prebiste: Varones encargados de atender a los santos y atienden los sepelios.
(2) Cheqos: piedra sillar blanca.
(3) Lawa: sopita de maíz.
(4) Nacana: aquello que se degüella, carne de oveja, llama o alpaca.
(5) Yachaqcuna: Aquellos que conocen, que saben. Maestros.
(6) Wawa: criatura, bebe.
(7) Qarichapas warmichapas: hombrecito o mujercita.
(8) Ayni: milenario hábito de cooperación voluntaria entre personas.
(9) Waqa: muro en el que se asienta el andén de las chacras.
(10) Wapana: pared doble de piedras, rellenada con tierra y piedras.
(11) Uru qinallaña: como gusanos, de muy intensa actividad.
(12) Punsa: muchachito travieso.
(13) Huqchallatapas: Si quiera unito.
(14) Yachaq: El que conoce la ciencia tradicional, el maestro.
(15) Lotrina: Reunión de fieles en el templo, en horas de la madrugada.
(16) Ampi: Zonzo.
(17) Uywa: Rebaño.
(18) Sunchu: Hierba silvestre de flores amarillas, alimento para los animales.
(19) Quwis: cuyes.
(20) Imá: ¿Qué?.
(21) Pucullus: viviendas preincas de piedra.
sábado, 8 de enero de 2011
sábado, 20 de noviembre de 2010
ANDAMARCA VIVE LA FIESTA DEL DANSAQ
Con el entusiasmo y el espíritu solidario que le es característico, el pueblo de Andamarca (Lucanas-Ayacucho) vive muy a su manera la legítima alegría de conocer que su expresión artística mayor ha sido reconocida por el mundo. En un principio sólo fueron rumores; pero al confirmarse la noticia cundió la espontánea alegría e inundó calles y plazas. Hoy, 18 de noviembre, los andamarquinos niños, jóvenes o ancianos, hombres y mujeres, han hecho un alto en sus tareas cotidianas y se han unido al festejo formando un séquito espectacular al despliegue de ocho dansaq andamarquinos, y sus respectivos maestros arpistas y violinistas. Una vez más, el canto melodioso de sus tijeras ha vencido los espacios en alas del mágico canto de la Danza de las tijeras.
No ha habido cargontes o “maisos” ahora, tampoco contratos ni “barras bravas”. El pueblo sencillo, laborioso está bailando con sus dansaq en esta viva demostración de que efectivamente la danza de las tijeras viene enraizada desde siglos en el alma andamarquina y las generaciones cuidan con celoso afán herencia tan magnífica como propia y consustancial.
El andamarquino exige que su dansaq le exponga danza, baile cadencioso, imaginativo y creador. El cuerpo es apenas el dócil instrumento con el que el dansaq teje filigranas llenas de armonía y color. El dansaq andamarquino sabe que cada “estación” tiene sus propios cánones y no se puede permitir licencias ni mezclas fuera de contexto. El “ensayo” tiene sus propios pasos o “tusuda”, igual que la “patara” o el “siu sau” o el “tipac tipac” y el “wallpa waqay”, entre otras. Y sólo cuando las “estaciones” han sido cumplidas, entonces ha aligerado sus vestimentas y ha demostrado fuerza y desprecio al dolor compitiendo hidalgamente en la estación de la “prueba”. La culminación del “atipanacuy” se ha dado en la “pasta”.
En esta ocasión, no han desafiado a la torre. Tal reto está reservado para el mes de agosto, cuando el agua nueva llegue a fecundar los campos hasta ahora mustios y macilentos, porque este año, injustificadamente, se ha condenado al pueblo a una sequía perniciosa so pretexto de mejorar el canal de Negromayo. Algún día, los culpables tendrán que enfrentar su gravísima responsabilidad. Pero, esto es harina de otro costal. Ya hablaremos.
La alegría ha sido mayor cuando todos hemos confluido en la cuadra seis de nuestra calle central, al frente mismo de la Escuela de Varones donde el entusiasta Chuspicha, maestro dansaq de los buenos, está inaugurando su “Museo de la Danza de las Tijeras”, como complemento natural de su “Escuela de Danzantes de Tijeras”, laudable iniciativa privada que debiera ser realzada e imitada, y sobre todo ayudada, porque él las sustenta con sus estrecheces y exiguos recursos.
No ha pasado tanto tiempo como para olvidar que los andamarquinos, desde ADETURC y nuestro Municipio, solicitamos que los organismos estatales otorgaran un reconocimiento oficial a nuestra Fiesta del Agua y a nuestra Danza de las Tijeras. Cuando el INC nos entregó las Resoluciones Directorales Nº 362 y 363 el año 2005, declarando como Patrimonio Cultural de la Nación a ambas expresiones de la cultura del pueblo, en la legítima alegría que vivimos como ahora, sabíamos que tal distinción no iba a quedar ahí. Sabíamos que se iba a seguir caminando. Y ahí está el resultado: el mundo reconoce a nuestra Danza de las Tijeras. ¿Maimi aqallayquipas maqlla capataz?.
Hoy, mientras seguimos bebiendo del arte singular de estos ocho jóvenes danzaq, en la cadencia de su pasos, en el canto alegre de sus tijeras y en su vigor desafiante, sentimos que, como en sus mejores tiempos, se han unido al enorme cortejo maestros de entrañable recuerdo como el viejo “saqa” Saturno Ramos, Jacinto Flores, Ignacio Inca, Simón Inca “Panqa”, Daniel, Emilio y Nicolás Inca, el “misti” Mariano Ramos, Romualdo Ramos, Alejo Huamaní, Saturno Damián, Víctor Inca, Bernabé Huamaní “Qechele” y tantos otros que dieron nombradía y pasearon por todos los pueblos, con distinción y sapiencia, los quilates de la escuela andamarquina, en el arte inmortal de la Danza de las tijeras.
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viernes, 19 de noviembre de 2010
¡YAQARAQ, MASTRUY!... ¡DANSAQ PARA TODO EL MUNDO!
“A mí me gusta ver los danzantes… Pero, cuando se calatean y empiezan a comer sapos y culebras y a meterse agujas por la boca y la nariz, ya no… Yo me voy”…. (Un espectador).
Los noticieros repicaron la información: La Danza de las Tijeras y la Huaconada de Mito han sido declaradas Patrimonio Inmaterial de la Humanidad.
En el Perú existe una incontable variedad de danzas populares, de origen folklórico sin duda. La pregunta es ¿qué de especial tiene la danza de las tijeras, cuál es su nota distintiva, porqué la Unesco la ha escogido especialmente y le ha conferido semejante distinción?.... En definitiva ¿qué es, pues, la danza de las tijeras?....
En Andamarca (Lucanas-Ayacucho), las generaciones han nacido y han vivido con la danza de las tijeras. Los juegos infantiles siguen un patrón amoldado al calendario laboral de la comunidad. Por eso se juega escenificando la techa de casas, o el sembrío del maíz, la fiesta del Niño Víctor en diciembre o la fiesta del agua en agosto con sus danzantes de tijeras. Entonces, muy niños aún, bailamos la danza de las tijeras silbando o tarareando las melodías y dos dedos de nuestra mano derecha son las tijeras.
Los días 3 de mayo de cada año, el grupo humano asciende a los cerros principales y baja en hombros las Cruces hasta el atrio del templo, en cortejo precedido por el dansaq.
Pero, la expectativa popular alcanza su máximo esplendor en el mes de agosto, cuando con ansia incontenible damos la bienvenida al Agua que infundirá vida en los campos, que hasta entonces han estado en descanso, luego de haber entregado sus frutos en la cosecha de abril y mayo. El día 24 llega el agua nueva cargada de vida y la anuncia jubiloso el baile elegante y aguerrido de los dansaq. El brillo de sus tijeras vence los espacios y esparce su melodioso mensaje a todos los confines de la tierra.
“El dansaq es andamarquino, - decimos los antamarkas -, porque Andamarca es cuna del dansaq”, repetimos con orgullo. Y debe ser así porque las aulas de aprendizaje, las catedrales de formación están aquí, en Pusa Huayqo, en Poqa, en Pachap Mancan. Tras años de disciplinado estudio y práctica, los nuevos dansaq reciben la “autorización” de los Aukis y Wamanis protectores y salen a desplegar su arte en las plazas de los pueblos. Previamente, las sirenas han infundido su aliento y voz melodiosa e indoblegable a las hojas hembra y macho de sus tijeras.
¿Qué es, pues, la danza de las tijeras?... Para el andamarquino es comunión íntima con la madre naturaleza. El dansaq es un personaje escogido, marcado, señalado desde sus más remotos orígenes para un ministerio muy especial. Por eso, el dansaq se forma. Desde muy niño ingresa bajo la tutela del maestro que se responsabiliza de transmitirle los principios básicos y los secretos que aprendió de otros maestros también. Cuando juzgue que el discípulo está listo, le conducirá a los encuentros con las fuerzas superiores, los Apus y Wamanis, quienes, luego de pactar “los contratos”, le acompañarán cada vez que cumplan su misión, danzando y compitiendo en los pueblos.
Don Cirilo Inca Flores es un maestro dansaq. Con 90 años de edad a cuestas es el patrimonio viviente de la Danza de las tijeras de Andamarca. El maestro Cirilo ya ni recuerda en cuántas plazas, grandes o pequeñas, ha mostrado su arte dancístico y por supuesto, ha competido con los más calificados maestros de su época. Porque la danza de las tijeras es baile primoroso, galano despliegue de coordinación artística entre todas las partes del cuerpo, especialmente los pies, pero también es competencia, es enfrentamiento, es atipanakuy.
Y don Cirilo dice: “El dansaq no es el saltimbanqui del barrio, el dansaq no es el consuelo barato de las plateas. El dansaq es un sacerdote que trata con nuestras divinidades, nuestros Aukis y Wamanis. Por eso, su vida debe teñirse de una mística especial… Es un representante de las fuerzas mayores y, por eso, debe revestir su arte de dignidad y solvencia…” (Ex “Cirilo Dansaq, conversaciones con un Maestro”. Carlos W. Herrera Alfaro-Año 2000). (Un tiempo después, logramos grabar un video -en condiciones muy rudimentarias -, de los principales pasos o “estaciones” con el baile del viejo maestro. De alguna manera, también publicamos dicho video testimonial con el nombre “Sesiones de Danza Mayor con el Maestro Cirilo Apu Inca”).
Primer otrosí: A propósito, ¿sería mucho pedir, se desbalancearía el Presupuesto Nacional si el Estado peruano concediera siquiera una pequeña pensión de gracia a este anciano que ha dedicado su vida a difundir el arte que ahora reconoce la humanidad?...
La danza de las tijeras, desde esta Declaración de la UNESCO, será distinguida en el mundo entero como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. Motivo de sentida y legítima alegría del pueblo que todavía sabe comprender, respetar y conservar sus tradiciones, sus rituales, las enseñanzas y tradiciones transmitidas de generación en generación. Se desbordará el júbilo popular, no cabe duda. Escucharemos también voces enorgullecidas que nos repetirán: Yo lo hice. Gracias a mí… Y no faltarán las conferencias y disertaciones de los estudiosos que sólo conocen las tragaderas de sapos y espadines, en la mayoría de casos. ¿Quién más autorizado para hablar de la Danza de Tijeras que el mismo dansaq?.
Los andamarquinos, con la mayor sencillez, recordamos que hace algunos años, desde nuestra modesta ADETURC “ASOCIACION PARA EL DESARROLLO DEL TURISMO Y LA CULTURA EN ANDAMARCA” trabajamos con el Municipio de entonces, la idea de solicitar al Instituto Nacional de Cultura un reconocimiento especial para la Danza de las Tijeras y para nuestra Fiesta del Agua. Y recordamos, asimismo, que dicha iniciativa fue coronada cuando el INC expidió las Resoluciones Directorales Nºs 362 y 363-INC-2005 declarándolas Patrimonio Cultural de la Nación. En Andamarca, felizmente, se vienen concretando, asimismo, iniciativas privadas como la Escuela de Danzantes de Tijera que conduce nuestro compoblano el maestro dansaq Froylán Ramos CHUSPICHA, por desgracia impedido de bailar en las plazas públicas debido a problemas de salud. Con exiguos medios a su alcance, en condiciones harto precarias, está alcanzando sus experiencias y enseñanzas a niños y jóvenes llamados al arte. Ha seguido trabajando y en estos días también estará abriendo al público un Museo de la Danza de las tijeras. Desde ADETURC estamos tratando de ayudarle, a pesar de ser cortas nuestras posibilidades. Ojalá pronto lleguemos a publicar sus memorias, compromiso que hemos asumido con él.
El tiempo ha corrido indetenible. Cuán lejanos parecen los días en que nuestro profesor don Teófanes Gallegos Lara nos contaba los recuerdos de su natal San Juan de Lucanas, donde había compartido años de su niñez con José María Arguedas, nuestro Amauta mayor. Transcribamos algunas de sus reflexiones: “Manifestaciones artísticas: Veíamos los Danzantes de tijeras desde niños. Pasábamos hasta noches enteras tras de ellos. El, (José María) tenía un afecto y una afición tremenda, como la tengo yo hasta ahora… Había un danzante que se llamaba Rasu Ñiti. No era de Puquio, ni de Chilques, era un famoso danzante…. Supongo que se inspiró en él para escribir “La Agonía de Rasu Ñiti”… (Ex: “Gaceta Andamarquina”-Nº 3- OCTUBRE-NOVIEMBRE 1981).
El reconocimiento mundial a nuestra danza de tijeras nos enorgullece. Pero también nos plantea la necesaria y acuciante pregunta: ¿Y ahora, qué?. El título está legítimamente ganado, pero ¿cuál es la obligación o el compromiso que conlleva?... ¿Podremos seguir hablando de “Identidad” mientras vemos con impotencia cómo la danza de las tijeras se va “chichizando” poco a poco?... ¿Qué son sino las “fusiones”, las warmi dansaq - danzantes mujeres, y las sucesivas variantes que va imponiendo el afán comercializador o el mercadeo, en los espectáculos presentados sobre todo en Lima?...
Recordamos, con esperanza, que en la década del 70, nuestro distinguido amigo el Dr. Juan Ossio, actual Ministro de Cultura, fue “cuyaq” (invitado de honor) del profesor don Teófanes Gallegos en Andamarca, cuando le tocó “pasar” el cargo de Danzante Mayor de Negromayo. Ha conocido entonces la danza de las tijeras en todo su esplendor, sin “arreglitos” ni “retoques”. Recordamos, también que, por una deferencia especial, el maestro dansaq Albicha bailó la estación de la Agonía en su cabal versión. Los dansaq, difícilmente o casi nunca, exponen este cuadro, porque es la despedida, el cambio final, como lo relatara el gran maestro José María Arguedas.
Segundo otrosí: En este escrito estamos hablando del dansaq de Andamarca, de Lucanas, del sur de Ayacucho. Sabemos que también se practica esta danza en Huancavelica y las partes altas de Arequipa. No conocemos sus interioridades, pero la respetamos y valoramos en su integridad.
(Post scriptum: La obra “Cirilo Dansaq, Conversaciones con un maestro” y el video “Qapia Poqoy Tusuda-Sesiones de Danza Mayor con el Maestro Cirilo Apu Inca”, pueden ser revisadas en INVERSIONES FERREL, Av. Petit Thouars Nº 931-Lima, o en ADETURC, Casa de la Cultura, Plaza de Armas-Andamarca).
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domingo, 26 de septiembre de 2010
CONVERSACIONES CON DON JOSE MARIA

Don Teófanes Froylán Gallegos Lara nació en San Juan de Lucanas, en 1913. El año 1920 conoció a José María Arguedas, porque éste fue a vivir allí. Durante cinco o seis inolvidables años, compartieron los mismos asientos durante las primeras experiencias escolares y, sobre todo, forjaron una amistad tan entrañable que sólo la muerte pudo truncar.
Don Teofita cumplió eficiente labor como profesor en mi pueblo. Con mis alumnos del Colegio Nacional de Andamarca (1975), dimos a conocer algunas estampas de sus vivencias con Arguedas, en un Boletín que editábamos a mimeógrafo. El artículo de marras, fue a su vez, reproducido por publicaciones de importancia universitaria y nacional. De aquellos años, he encontrado entre mis papeles, (salvados no sé cómo de la barbarie terrorista) algunos recuerdos de don Teófanes, referidos mayormente a la obra literaria de José María.
1. En la Revista RUNA, publicación del INC, en su edición Nº 6 de noviembre-diciembre de 1977, pg. 11, el señor Moisés Arroyo, dice lo siguiente: “José María Arguedas fugó de la casa paterna y se refugió en una hacienda que está en la provincia de Puquio, la hacienda Viseca… La abuela paterna de Arguedas casó en segundas nupcias con Peñafiel, propietario de Viseca…, por eso Arguedas corre a refugiarse con su abuela…, él era casi un autodidacta y su abuela fue su maestra y le enseñó a leer…”
DON TEOFA: NO!. Ni se fugó ni se refugió… José María, Pepe como le llamábamos, iba a Viseca de vez en cuando, a visitar a su tío don José Perea, que estaba casado con doña Zoila Peñafiel, una de las propietarias de la hacienda Viseca que está en los bajíos de San Juan. Don José Perea, era hermano del Dr. Víctor Manuel Arguedas, padre de José María. Eran hermanos de madre solamente. Y Zoila Peñafiel era hermana de Carlos Peñafiel, propietarios ambos de Viseca. Como a Pepe le gustaba mucho el campo, la siembra, estar con los peones, dormir en la chacra, siempre iba a Viseca… Estuvimos en la Escuela, aprendimos a leer y escribir con nuestra maestra Nieves Bedriñana y luego su hermana Estela. Nos llegamos a querer y comprender tanto que vivíamos como hermanos…
2. Sobre Rendón Willka, de “Todas las sangres”…
En la Escuela no había un Rendón. Sí había un Fermín Rendón, que vivía en el Barrio de Santa Bárbara. Pero no estudió en la Escuela, ni estuvo con nosotros…
3. Viseca y Justina…
Es muy cierto lo del cuento “Warma Kuyay”. El se enamoró de la Justina, la sirviente de don Carlos. El estaba locamente enamorado, pues era sumamente romántico y, al ver que el peón (el Kutu) le hacía los amores, él sufría sin poder hacer nada, porque ante un hombre… El era todavía un niño. Sin embargo, estaba enamorado. Por eso cantaba: “Noche de luna en la quebrada de Viseca, pobre palomita por dónde has venido, buscando la arena, por Dios, por los suelos…” El Witron era una construcción hecha de piedras de alaymosca, en forma de un cuadrado como un depósito, donde se guardaba la paja, la chala, etc…
4. Lucanas india, mamay doña Caytanaman…
Doña Cayetana era la sirvienta de doña Grimanesa Arangoitia, casada con don Víctor Manuel Arguedas. Cayetana lo quería bastante a José María, lo atendía, lo hacía comer en la cocina. Cayetana siempre velaba por ellos, por su hermano Arístides más. Posteriormente, José María nunca se olvidó de Cayetana… Le enviaba sus libros para que vendiéndolos pudiera mantenerse. Igual le mandaba regalos. Siempre le guardó un afecto especial. Yo mismo fui conductor de sus regalos para Cayetana, en algunas ocasiones.
5. Manifestaciones artísticas…
Veíamos los Danzantes de tijeras desde niños. Pasábamos hasta noches enteras tras de ellos. El, tenía un afecto y una afición tremenda, como la tengo yo hasta ahora… Había un danzante que se llamaba Rasu Ñiti. No era de Puquio ni de Chilques, era un famoso danzante… Supongo que se inspiró en él para escribir “La agonía de Rasu Ñiti”…
6. Teofacha y su vaca, la “Gringacha”…
Bueno, es cierto que yo tenía la vaca “Gringacha”. La vaca hacía daño a veces y la llevaban al coso o al corral de la dueña de los pastales, doña Grimanesa. Muchas veces, yo invitaba a José María a tomar leche a mi casa y, como él dice, arreábamos a la Gringacha, por un camino llamado Oqe Oqe y subíamos la cuesta agarrándonos de su cola…
7. Arguedas, alumno…
Era juguetón, muy reilón. Sirempre estaba riéndose, siempre alegre, en los paseos, en el “cuchi mansay”… Dentro de clase éramos, por entonces, más serios, más formales, había más disciplina, claro que un poco traviesos, pero no tanto… Posiblemente, él guardaría sus sentimientos para sus adentros, pero a solas, o cuando conversaba conmigo o con su hermano. En la escuela, era siempre juguetón, reilón, cualidad que siempre tuvo hasta los últimos días de su vida. Posiblemente, él en sus adentros sufría por esa vida de huérfano… Jugábamos tartafondo, el wikullo, el mundo, el payaso, las espiguas. También se trompeaba algunas veces. Ganaba, también perdía… Era amante al box. Inclusive, cuando años más tarde, regresó a Puquio, me regaló un par de guantes y me enseñó un poco de boxeo, ciertas poses, maneras de boxear… Le gustaba el box. En Lima siempre estaba en las peleas internacionales, sabía los pesos y todas esas cosas del deporte de los puños…
8. El paisaje: San Juan…
San Juan es un distrito muy antiguo, antes capital de la provincia de Lucanas… Tiene varios anexos, que son: Aqola, Uteq y Pampahuasi que está en las punas… Como sitios pintorescos: Santa Bárbara, que es una pequeña colina que está junto al pueblo, donde íbamos de paseo. Viseca es una hacienda de los hermanos Peñafiel, que está en los bajíos, aún más abajo que el pueblo de Uteq, donde actualmente están las minas… La pampa de Uteq que era el granero de San Juan, producía muy buen maíz. Actualmente toda esta pampa está cubierta de relave… Esa pampa tan hermosa, una tierra ubérrima…
9. El Reparto de Aguas…
El Repartidor de Aguas o Mandón, era uno solo para todo el año. Todos los domingos, en la plaza de Armas, repartía el agua para la semana. Todos los regantes iban a pedir agua, como actualmente todavía se hace en Puquio, Lucanas y otros pueblos… Todos se disputaban. Era un bullicio tremendo. Como también mi mamá iba a pedir agua, estábamos siempre viendo con José María, su hermano Arístides y otros muchachos de la escuela… Realmente, que haya muerto Pantaleoncha, Pantacha como le decíamos nosotros, en algún Reparto de Aguas, no. Es un personaje real, por supuesto. No era escolero. Era un comunero de Aqola, se llamaba Pantaleón Montoya. Era muy hablador. Siempre andaba con los curas. Antes iban a lomo de bestia hasta Huamanga… Una vez, después de esos viajes, Pantacha regresó diciendo: “Ya soy Párroco de Luricocha, así es que soy cura”. Era muy gracioso, conversador… Todo cura que llegaba, él se presentaba inmediatamente, era muy servicial…
10. La separación…
José María salió primero de San Juan… Como su padre fue cambiado de la Judicatura, se marcharon, pero no me dijo a dónde… Su esposa se quedó, no viajó con ellos; como tenía sus propiedades, sus chacras… Ella murió últimamente en Lima. Conoció, por supuesto que conoció la fama de Arguedas como escritor e intelectual… Ya jovencito, yo visitaba a la señora. Era muy buena conmigo…
11. El reencuentro en Lima…
Yo contaba más o menos con 22 ó 23 años, Pepe era mayor que yo por dos años… No me refirió dónde había estado todos esos años… Sé que estudió en Abancay, después en Ica y finalmente, en San Marcos, en Lima… Yo integraba, como quenista, un Conjunto de música folklórica. Tocábamos en Radio Nacional y Radio Central. José María siempre andaba con nosotros, aconsejándonos, guiándonos y representándonos… Cantaba. Nunca bebía licor, aún cuando era capaz de amanecerse, haciendo música con nosotros…
12. Recuerdos, recuerdos, recuerdos…
Yo conocí al Dr. Víctor Manuel, su padre. Una vez, fue a mi casa, en compañía del cura Marcelino Prado, a felicitar a mi mamá por un discurso muy elocuente que yo había pronunciado, sin jactancia. Siempre Arístides, Pepe y yo, como también los otros muchachos, interveníamos en las actuaciones… Ya la profesora sabe quiénes son los más predispuestos, ¿no?... Arístides era más aficionado a escribir. Hacíamos composiciones, cuentos, etc. Lamentablemente, no guardo nada de esa época… También Bankucha salía en las actuaciones, de modo que no sólo descollaba como wikullero… También nosotros le ganábamos en las competencias, para atravesar con el wikullo el río Wallpamayo desde Wanupata, o también el eucalipto… Había un altísimo eucalipto en el cementerio. Desde la esquina debíamos arrojar el wikullo… Unas veces ganaba Pepe, otras yo o Bankucha… Lo de “wiksa” (barrigón) le decía Bankucha, no porque fuera gordito. Pepe tenía una contextura media, ni gordo ni flaco. Wiksa es un insulto quechua que se dice a los chicos, como decirle “punsa”… Pablo o Felipe Maywa, era cornetero. Era de Aqola. Puza era de Uteq. Eran los comuneros más caracterizados y circunspectos de su grupo. Siempre tratábamos con ellos. Tal vez por eso los recuerda en “Los ríos profundos”. La rivalidad entre comunidades solamente se daba en las fiestas. En los danzantes, por ejemplo, los de Aqola sacaban un atajo. Entonces, había un contrapunteo con el atajo de San Juan. “Señoaqola” les decíamos. Ellos eran muy guapos, muy impetuosos, venían con sus danzantes, muy desafiantes. Pero, ello ocurría solamente en las fiestas, como repito…
Los Peñafiel de Viseca, eran de procedencia ecuatoriana, por eso les decíamos “monos”… en nuestros encuentros en Lima, a José María le gustaba mucho hablar y cantar en quechua. Sobre todo, los insultos en quechua eran su especialidad. Era todo un maestro. Tenía una gran colección de tales insultos… a mí, me ganaba siempre…
martes, 31 de agosto de 2010
VESTUARIO DE LOS DANSAQ, EN LOS OJOS DEL MUNDO
El mes de agosto está dedicado al agua en Andamarca y, en su homenaje se cumple una serie de ritualidades ancestrales desde el primer día. El período que va del 20 al 27, es la semana central en la que el pueblo vive su inolvidable Fiesta del Agua, declarada Patrimonio Cultural. Numerosos eventos se van sucediendo sin descanso y alcanzan su climax los días 24 y 25. En otra oportunidad nos explayaremos y contaremos cómo es la “Fiesta de la Sequia” en nuestro pueblo.
Como quiera que los Apus y Wamanis indicaron otros rumbos a mi peregrinaje, no pude participar de manera presencial en esta celebración, que acaba de culminar. REcordaba, sin embargo, que el personaje central, el que acapara la atención de propios y extraños es el Dansaq, sacerdote intermediario entre el pueblo y las divinidades. El agua nueva llega precedida por el baile espectacular y desafiante de los Dansaq. Es indiscutible que su arte ha llegado a difundirse hasta a niveles internacionales y que, por desgracia, también ha llegado a extremos intolerables de distorsión y mercadeo en algunas ocasiones.
Muy a cuento la noticia difundida con gran aparato hace algunas semanas: los patrocinadores peruanos del evento Miss Mundo (creo que así se llama), presentaron la iluminada idea de llevar la vestimenta del dansaq a este certamen, como una gran realización nacionalista y de recuperación de nuestra identidad. Es el caso que, en el curso del evento, las candidatas deben lucir un vestuario típico de su país, en uno de los desfiles de calificación. Nuestra Miss Perú luciría la vestimenta de dansaq de tijeras, estilizado por supuesto, para que no quedaran ocultos sus encantos naturales. El argumento que decidió su elección entre tantos miles de trajes típicos existentes a lo largo y ancho de nuestra patria, fue uno muy simple: Como quiera que la Danza de las Tijeras es conocida en el mundo entero desde hace muchos años e identifica al arte de nuestro Perú, pues la ocasión se presentaba pintada e inmejorable. Es bueno recordar que en la versión del año pasado, nuestra Miss Perú lució una vestimenta del altiplano, provocando las iras del gobernante boliviano.
El razonamiento de los patrocinadores peruanos no carece de justeza, pero olvida un detalle crucial: el vestuario de dansaq de tijeras lo lucen solamente los dansaq QUE SON VARONES. Por eso, cuando conocí la información, me jalé los pocos pelos que me van quedando y pensé ¡qué extremos todavía nos tocará ver, Dios Santo!... Algunos organizadores de parrilladas en la gran Lima ya habían puesto a prueba nuestra capacidad de contemporización cuando, hasta hace poco, pretendieron imponer a danzantes de tijeras ¡MUJERES!... Algo contra toda racionalidad, y no porque la mujer carezca de capacidad, sino porque esta traslación de roles significa absoluto irrespeto a la esencia y fundamentos de la Danza de las Tijeras. Es bueno recordar que este baile ancestral, antes que ser un espectáculo barato de plateas,- como alguna vez nos dijo el viejo maestro Cirilo Inca -, es una función sacerdotal cumplida por varones que emulan la tarea de Juan Choqne desde que iniciara el Taki Onqoy en nuestras tierras. Los dansaq cumplen un ministerio y desde sus inicios, siempre fueron varones.
No somos dogmáticos ni machistas. Simplemente pensamos que con estas distorsiones, nos estamos saltando alegremente a la garrocha todo el fundamento ideológico y religioso si se quiere de nuestro pueblo a través de su historia. Las ideas mágico religiosas de las colectividades se han forjado desde los primeros tiempos de su enfrentamiento con la madre naturaleza, y como tales deben ser respetadas. ¿Cómo es que osamos, entonces, acomodar las cosas a nuestra mejor conveniencia?...Las mujeres son las ayudantes de Juan Choqne, quien se presentaba asistido por dos de ellas, curiosamente nombradas como las devotas acompañantes de Cristo durante su ministerio en la tierra. El dansaq de Huancavelica, en tal línea, incluye en su cortejo a mujeres que bailan, como waylías, con su pañuelo y con melodías distintas a los del dansaq. Es otra cosa.
La función de relación que cumple el sacerdote andino, el dansaq, entre la tierra, el Kay Pacha y las fuerzas superiores, es confiada solamente al varón escogido, preparado y autorizado en las grandes caídas de agua o en lugares muy especiales. El dansaq baila solo y enfrenta todas las pruebas de resistencia al dolor, también solo. Las “mujeres dansaq” carecen de cualquier tipo de autorización, no han celebrado “el contrato” y se autotorturan injustificadamente, en su afán de ganarse algunos aplausos y también algunos soles, sin duda. En tal escenario, ¿deberíamos aplaudir al estilista que pensó deslumbrar la atención mundial, promocionando la vestimenta del Dansaq, exhibiéndola en el cuerpo de una bella mujer, diciéndole al mundo entero que en el Perú, esta vestimenta en usada por las mujeres danzantes, lo cual es sólo una fantasía fuera de toda cordura?.
Otra cosa: los adornitos, los mil colores, las telas y las grecas brillosas son introducciones de los jóvenes dansaq preparados en Villa el Salvador. El maestro Cirilo Inca, nuestro dansaq vivo, ha descrito los vestuarios de los verdaderos dansaq como muy austeros. Si bien menciona algunos grabados y toscos bordados, representando las figuras de cóndores o culebras, nombra sólo colores más serios, imponentes, nada chillones. La modernización de la ropa del dansaq se explica por el florecimiento de la artesanía del bordado en Lima. La incontable cantidad de artistas que cantan acompañadas por arpa norteña ya no saben qué colores más añadir en sus vestuarios para distinguirse. Nuestros jóvenes danzantes, también están recurriendo a ellos y cada vez con más frecuencia, los vestuarios están colmándose de cintillos y flecos de mil colores. Hacen bordar sus nombres de batalla y sus lugares de origen con la mayor aparatosidad. Me imagino que tanto oropel y chafalonía hayan impresionado a los responsables peruanos del concurso Miss Mundo quienes, con la mejor intención, tomaron acuerdo tan equívoco e injustificado, que nosotros objetamos de plano, por supuesto.
miércoles, 4 de agosto de 2010
AHORA QUE TODO ES FUTBOL...¡CAMPEONATOS ... LOS NUESTROS!...2a. Parte
Estamos en deuda... Con el tráfago de eventos que han ocurrido en nuestra existencia, vinimos postergando la parte complementaria del relato que sobre el desarrollo del futbol en Andamarca habíamos empezado a presentar todavía en el mes de junio. El refrancito es tan antiguo como utilizado y no por ello, menos cierto: Más vale tarde que nunca. Caychallam tay...
Oye, compadre Pato, cómo le contestas así pues a mi casi suegro.
Es el Presidente de la Liga, festejándole la ocurrencia de hace un rato. Y con ese tono zumbón que lo caracteriza, el popular Arias responde:
Pero, yo no he mentido cumpa. ¡Vale el saber!, ¿sí o no?. Este año, Alianza va a completar el cuarto campeonato y al próximo, el quinto. Después no nos presentamos. Para qué ya, si no tenemos rival. ¡Vale el saber!, ¿sí o no?.
Y la risa es el pretexto ideal para que el buen “Alma”, también profesor, recuerde que el calorcito está provocando:
Ya, pues, Pato, tócame la puerta.
Un buen vaso de la espumante es una necesidad nacional. Lástima que la señora presidenta del Ugarte, club en el que juega el de la sedienta iniciativa, lo jala y le dice:
No, nada de espumantes, hasta que ganes el partido. Entonces nos pondremos las cajitas. Antes de jugar no. Este Pato queriendo hacer tomar a mis jugadores, ¿no?.
El desafío cervecero habrá de postergarse. El clásico de clásicos, el partido de la muerte, el del año, está por librarse ya. Hoy día, hasta las viejecitas han venido, porque no se quieren perder tan fenomenal encuentro. ¡Alianza contra Ugarte!. Las apuestas van y vienen. Algunos se están comiendo las uñas de puro nerviosismo, mientras los delegados y entrenadores ultiman los preparativos. Los gritos de las barras colman el espacio:
¿Quién es el mamá?!!
¡Ugarte!!
¿Quién es la papá?!!
¡Alianza!!
¡Arriba Alianza!
¡Ayayay!
Desde las primeras incursiones del fútbol, marcadas en aquellos heroicos partidos qalachakichas, han pasado muchos años. Ahora, el Estadio está mejor presentado, se han hecho trabajos de aplanamiento, los arcos también son fijos, con tubos gruesos de fierro, asegurados con cemento. El Campeonato se está disputando entre 20 equipos participantes, todos con jugadores debidamente registrados en sus fichas, con carnets, con fotografía. Un mes antes, el señor presidente de la Liga ha invitado a todos los clubes a las reuniones de organización. En arduas sesiones libradas en el Salón Consistorial del Municipio, se ha discutido las Bases, el Reglamento, y se han nombrado las comisiones respectivas para todas las actividades, incluídas las de inauguración y clausura.
Uno de los puntos de mayor discusión ha sido el referido a la “nacionalidad” de los jugadores. Los “extremistas” insistieron para que no se permitiera ningún jugador extranjero: todos debían ser andamarquinos. Neto a neto, “ñato a ñato”. Otros hablaban de la necesaria oportunidad del intercambio, que era positivo que vinieran buenos jugadores de otros lugares. En fin. Ha ganado la idea intermedia y se ha permitido la inclusión de sólo tres jugadores ajenos. Naturalmente, es aceptado que los hijos de andamarquinos también lo son, así hubieren nacido en otras regiones. Igual calidad alcanzan los yernos y parientes muy directos. Todo bien detalladito, todo bien estudiado, bien chancadito, porque para esto de las discusiones “jurídicas” los antamarcas son pintaditos. O ¿acaso ya se olvidaron las retóricas confrontaciones cuando el problema de la distritalización?...
Cada institución contendiente han activado los más efectivos resortes para presentar sus mejores elencos. Hasta se habla de apetitosos contratos. El Alianza, tiene sus dos socios puquianos, los hermanos Costa “Costal” y “Nodi” Toledo. Completa el trío el reclamado Caballita, que viene de Cabana. El Atlético Alfonso Ugarte, también se ha reforzado con el “cullo” Carrillo, profe en Mayobamba, Pérez Albela de Aucará y otros. Los de Lima, ni hablar. De manera que el pueblo está convulsionadísimo.
Desde su inauguración el día 20, el campeonato se ha desarrollado con gran suceso. Las chicas también cumplen su parte: muy activas y guapetonas, incendian las barras, preparan los refrescos, enamoran también.
Este torneo es único en el mundo. El impresionante rush de partidos va de ocho de la mañana a seis de la tarde, sin parar, durante ¡ocho días seguidos!. Algunos clubes juegan hasta dos partidos por día. Toda la población acude al campo. Las señoras han cocinado temprano para cumplir rapidito las obligaciones, ordeñar las vacas, por ejemplo. Hay quienes ni van a almorzar a sus casas. Fútbol sin parar, fútbol hasta el “cunca cuchu”(39), más de una semana. Y el asunto no sólo es en el campo, porque en la noche sesiona la Liga y su insobornable Comisión de Justicia. Un jugador profesional juega un partido y descansa una semana. Aquí, como los clubes cotejan “todos contra todos” nuestros jugadores entregan media vida en inacabables partidos, todos los días, sin dejar de atender a sus actividades agrícolas y ganaderas.
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Comunkuna, rikchachkankichkcñachu. Qatarimuychikñayá. Ventiocho casqanta llapallaykichik callita pichankichik, pirqakunatapas ichmawanpas pintankichik.
(Señores comuneros, ¿ya han despertado?. Levántense ya. Por ser veintiocho, todos barrerán sus calles y pintarán sus paredes, aunque sea con cal).
Clarita se ha escuchado la voz de Camilón Flores, ca-ca-ca-mílon, el pregonero oficial, en la impresionante y fúlgida limpieza de esta madrugada. Desde Qayaq Orqo, bien a la hora del “pim canki”(40), un poquito antes del “wallpa waqay” (41), está notificando a la población. La prolongación de los ecos agudos, la exagerada inflexión de voz, en mensajes que alternan resondrones y súplicas, terminan por convencer a los oyentes, porque la ciudad empieza a agitarse nerviosamente.
Julio tiene un color especial en la vida andamarquina. La última quincena, con motivo de las Fiestas Patrias, todo cambia. Las casas se remozan, las calles lucen ropa de fiesta, porque los empedrados han sido renovados. Desde las canteras de Pakupata ha venido la especial ichma o arena blanca muy fina, en espaldas de mujeres y maqtas, para preparar una buena pintura diluyéndola con agua. La aplicación es sencilla: con un jarrito la irán arrojando contra la pared y el agua blancuzca formará arcos o semicírculos. Un montonal de ellos superpuestos, al final le habrá dado una cara nueva a la pared. Los más empeñosos, han traído arena rojiza para dibujar las partes bajas y zócalos.
La Plaza de Armas es un hervidero multicolor. Desde temprano, toda la población se ha reunido aquí luciendo sus mejores galas. Es 28 de Julio, fiesta mayor en Andamarca. Las mujeres estrenan walis, monillos, rebozas, sombreros, hasta zapatos nuevos. Los varones, para no ser menos: ojotas, waras y camisas recién compradas donde Julián Puno y se han afeitado con qespe de botella verde.
Todos han entonado con emoción el Himno Nacional al iniciarse la actuación. El discurso central de uno de los profesores recuerda la gesta heroica de la independencia nacional. Algunos alumnos recitan poesías, leen composiciones o representan momentos de nuestra historia, ante la mayoritaria aprobación. El desfile escolar corona las emociones, acrecentadas por el acompasado toque de su Banda de Guerra: tres cornetines en exceso envejecidos y golpeados, que se desgañitan al compás de dos tambores ya vencidos por el uso. Han participado también el batallón de licenciados del Ejército con sus clásicos uniformes, las delegaciones de Chiricri, Huaqraqa y la representación llegada de Lima.
El día anterior, el 27, se ha dado la gran Corrida de toros, ofrecida por el señor Gobernador, como representante del Gobierno. Los dueños de las estancias de puna han bajado los toros bravos con máxima especialidad. El señor Alcalde es responsable del armado de las barreras en las cuatro esquinas de la plaza de armas con la ayuda de los varones recién casados. Gruesas sogas de paqpa o cabuya, han trenzado los maderos plantados en tierra. Los diestros más afamados de la Comunidad han ingresado a desafiar a bravísimos ejemplares de las dehesas de Qellqata, Wicso, Timpuq o Wantaymisa. En esta oportunidad como en los pasados años, ha sido muy comentada la intervención de Julián Puno clásico por torear con un pañuelo solamente. Por su parte, Ernesto Escajadillo se ha vestido de luces y ha brindado memorables faenas, al compás y al calor de los waqrapukus magistralmente ejecutados por Julio Quispe o Leonidas Huamaní. Damas de la sociedad andamarquina, han preparado vistosas divisas con sugestivos bordados en telas de colores, que han lucido los ejemplares, cuyos propietarios los conservarán con orgullo.
La vida en las moyas lejanas, produce efectos raros en los animales. Algunos, por ejemplo, como que se vuelven locos y sus crías heredan esas características. “Piñayarunmi wacay”, “mi vaca ha embravecido”, dicen. Y los cuidan especialmente, para que defiendan el prestigio de sus crianzas en la corrida del 27. Es una tarea realmente complicada hacer llegar los animales al pueblo y encerrarlos en el corral contiguo a la plaza, para la tarde taurina. Claro que animales casi salvajes, no aceptan de buen grado la notificación de bajar al centro poblado.
Todo un contingente ha llegado a las punas, con la guía de un pongo o maestro, quien ha depositado ofrendas o “pagos” a los Wamanis protectores. Ha zahumado a los animales que viven en absoluta libertad y no salen de su querencia así nomás. El pongo logrará que los animales bravos, se pongan en camino, mansamente, en compañía de su tropa. Los arreadores vienen dando voces de mando y si el bravo se les quiere ir encima, los calman con la mágica varita del “qasi” (42), un raro arbusto de las punas, ante cuya visión el animal agacha la cabeza.
Desde muy de madrugada se ha movilizado el cortejo y debe estar llegando al pueblo más o menos a mediodía. Después de jugar en la plaza, los animales retornarán inmediatamente a sus estancias, pues con la cólera no han probado ni agua ni pasto. Ni siquiera necesitan de la guía de sus dueños para el regreso. Éstos apenas si alcanzan a dirigirlos hacia el camino de salida y los sueltan, muy seguros de que llegarán sin problemas a sus pagos.
La costumbre del “toro pukllay” ha llegado a Andamarca recién con los “mistis”. A ejemplo de Puquio y San Juan, los afuerinos la han venido impulsando para Fiestas Patrias y, cosa rara, los naturales son, ahora, los más entusiastas seguidores. Por eso, ayer todo el pueblo ha estado en la Plaza y muchos hasta lloraron de emoción al ver jugar a sus animales.
Estas fiestas han tenido un color especial. Es que han llegado de Lima muchos paisanos.
¿Ricurankichu Juliachata, Claudianachata, Rosachata?.
(¿Has visto a la Julia, la Claudiana, la Rosita?)
Manachús, ¿kaipichu?.
(Me parece que no. ¿Están aquí?).
Chukchampas qelloyarusqa, siminpas llutisqallaña, ben mamaceta, pés.
(Hasta sus cabellos se habían amarilleado, sus bocas pintadas, bien mamacitas, pues).
Los visitantes han hecho importantes regalos a la Escuela y han participado en el Campeonato de Fútbol. Se han traído a un jugador negrazo, como los que sólo habíamos visto en periódicos pasados que a veces llegan. En nuestra fiesta de la Sequia salen los negritos, pero son muchachos pintados y disfrazados, que mataperrean y bailan con sus rondines, entonando versos disparatados. Pero éste era tremendote y los chicos lo veían asustados. Dicen que juega en el Estadio Nacional de Lima y ha venido para dar exhibiciones y así puedan aprender nuestros muchachos. Claro que el pobre negro, dos corridas en Millupampa, y ¡kasqachús!, ¡ya no hay!. Con la altura, sacó lengua rápido, agarrándose el estómago. Pero cuando le llegaba el balón hacía unos quiebres y unas fintas que nos han dejado boquiabiertos y que algunos ya estamos empezando a practicar.
“A continuación, -dice el maestro de Ceremonias-, a nombre del señor Alcalde y su cuerpo de Regidores, se invita a la ciudadanía a pasar al Salón Consistorial para la Sesión Solemne en Honor a nuestra Independencia. Como acto central, también se entregarán los premios a los participantes y triunfadores del recientemente clausurado Campeonato de Fútbol”.
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Es lógico, entonces, el extremo calor de los festejos, el día de la Premiación que ha sido cumplida con gran solemnidad en el Concejo Municipal.
Cumplido el protocolo, las instituciones han fugado hacia sus locales. Comparten ahora, la mesa de la victoria del “Juventud Alianza Andamarca”, el Presidente en ejercicio don Fermín Miranda, los socios don Antero Escajadillo, don Herminio Herrera, don Elías Alfaro, don Roberto Herrera, acompañados por una bulliciosa y entusiasmada juventud. Muchos Trofeos exhibidos orgullosamente en la galería principal del establecimiento-billar de don Robe, -local institucional-, recuerdan gestas memorables, de triunfos. La Copa de Plata es la presea engreída. Su posesión se tornó definitiva después de haber campeonado durante tres años. Porque no dejaba de tener razón Antezana. Con éste, Alianza, el renombrado Juventud Alianza Andamarca coronaba el cuarto Título consecutivo. Y no era un club de poderío económico. Todo era puro corazón. De donde fuere, para el campeonato llegaban los insustituibles hermanos Moreno, los Escajadillo, los Herrera, los Palomino y muchos más.
La velada transcurrirá entre velos de alegría compartida y de satisfacción por el lauro obtenido. Han abundado los discursos, a cual más elocuentes, y los deseos de seguir construyendo un futuro brillante para la institución, en base al esfuerzo conjunto y la convicción de todos sus integrantes. Cada socio mayor ha aportado lo necesario para el exquisito platillo que las damas han preparado con mayor esmero. No iban a faltar, por supuesto, los sucesivos brindis, ahora sí merecidos y reclamados.
Pasará el tiempo, inexorablemente. El avance futbolístico se hará notar con mayor acento, en las generaciones nuevas, sin ninguna duda. De la memoria popular, sin embargo, jamás podrá borrarse la estampa de veintidós hombres de campo, expertos en el manejo de la lampa y el pico, disputando pies descalzos y gran hombría, el “pukuchu balón” y dejando en cada jugada inolvidables lecciones de caballerosidad y generosa entrega.
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sábado, 17 de julio de 2010
¡QUE TAL CONCHA!...


Los periódicos machacaron la noticia: los pobladores de una provincia impiden la circulación de una empresa de transportes porque sus propietarios no aceptan donar cien cajas de cerveza y contratar una Banda para sus próximas fiestas patronales. Los informes televisivos hablan de una amplia movilización popular y sus enfervorizadas demandas. Por supuesto que quienes se perjudican por no poder viajar están totalmente desolados…
Algunas matronas arequipeñas al leer los titulares en los kioskos periodiqueros exclamaban sorprendidas ¡Qué tal concha!... No desconozco que mis paisanas ayacuchanas se sonrojarán por esta expresión de uso muy común en la Blanca ciudad.
Bueno. Viendo el fondo del asunto, desmenuzándolo “en sus adentros”, creo que los oyonenses no están fuera de tiesto, digo, si la nota periodística cuenta la absoluta verdad. Por el contrario, parecería que ellos están actuando con más realismo.
Conversemos. Es casi universal la costumbre de festejar con pompa las Fiestas Patronales o aniversarios de fundación de nuestros pueblos. Y no es privilegio sólo de los grandes, como las capitales departamentales o provinciales. Pueblecitos que ni aparecen en los atlas locales, le dan máxima importancia a sus festejos. Y lo hacen con gastos elevadísimos para sus posibilidades. Casi todos organizan sus Semanas Jubilares, otros las denominan Semanas turísticas. Infaltables son los castillos de fuegos artificiales y la Verbena Popular en la víspera del día central. Desde las siete de la noche más o menos, se concentra la población en su Plaza principal donde ya está armado un estrado perfectamente iluminado. El equipo de amplificación de gran poder hace que la música se escuche en todos los espacios. Si el pueblecito no contara con fluído eléctrico, se alquila también un generador. La creciente expectativa popular cuenta los días para conocer tremendos números artísticos que se dignarán llegar a nuestra fiesta. No se habla de otra cosa: bailarinas muy apetitosas, animadores de cierta fama y el plato de fondo: uno o más cantantes de moda. Es infaltable también una Banda de Músicos para que, además de las retretas bailables, anime el Desfile de Honor en el día central y los desplazamientos de las autoridades. Otros pueblos no van a prescindir de sus tardes taurinas, con el costo que significa presentar toreros extranjeros, ganado aparente, etc. Pero en este caso, el manejo es diferente.
Ahora bien. Toda esta parafernalia no es gratuita. Tiene un costo y qué costo. Ojo que no estamos hablando de lo que significan las Fiestas religiosas que tienen sus cargontes. En Andamarca, por ejemplo, la Fiesta de nuestro Niño debe contar con un Mayordomo, un Adornante, dos chamiceros y dos pastores, como mínimo. En nuestras cofradías, quien pasa un cargo conoce las responsabilidades económicas que asume y por ello, en muchas zonas, cada día hay menos voluntarios para cumplirlos. Pero, eso es harina de otro costal.
¿Quién asume los costos cuando la fiesta no tiene cargontes? ...¡Los Gobiernos locales!, así de simple. Ignoro si en sus presupuestos figura el rubro específico: FIESTAS PATRONALES, y si las famosas reuniones de Presupuestos Participativos toman estas decisiones. Lo real y concreto es que el gasto se da. ¿Cómo podría pensarse siquiera que este equipo gobernante no haga la fiesta patronal este año?... Imposible!. Puede postergarse cualquier gasto, pero la fiesta patronal es sagrada. Y hay que ver el nivel de competencia. Huayllura, para su fiesta ha traído a la orquesta de LOS CURUCHUCUY, la gran vedette FLORIPONDIA y el extraordinario cantautor PIRURITO DE LOS ANDES, y como los de Weqoto no nos vamos a quedar atrás, a cualquier costo vendrán números más afamados. Y cuidadito con el equipo de sonido con cañones de humos, cortadoras, etc., pues el que vino el año pasado fue una cochinada, los artistas se quejaron y el gran concertista TRIGUITO DE QANTUPUNKU no quiso presentarse, tuvieron que rogarle más de dos horas !! ….
Echemos pluma, a vuelo de pájaro como se dice. En esos periódicos de china, las vedettes dicen que tienen harto trabajo y que cobran no menos de quinientos dólares por presentación, las más caíditas se entiende, porque las otras tienen cotizaciones superiores. Dizque las orquestas van por veinte mil soles, las más baratitas, hay las que quintuplican fácilmente estas sumas. Nos han informado que las “grandes megaestrellas” mínimo dos mil dólares, aparte de sus músicos o Banda, ahora que están de bajada. Algunos años, un artista me dijo que le pagaban ocho mil coquitos por concierto. El equipo de amplificación más baratito no baja de quinientos dólares por día. Ahora bien: esto de los precios es bastante relativo. Todos cuidan sus tarifas con celo y los que estamos mencionando son solamente aproximaciones. Lo del estrado se podría negociar con alguna distribuidora de cerveza o licores: ellos se encargan de instalarlo con la condición de que se les asegure exclusividad para la venta de sus productos. ¿Cuánto ya va…?. Y nos faltan todavía los gastos de pasajes. Hay estrellas que solamente viajan en avión. Si es un pueblecito sin aeropuerto como el mío, entonces hay que disponer de camionetones 4 x 4 último modelo, full equip, para su exclusivo servicio. Hay grupos que cuentan con su propia movilidad y, por supuesto que no es gratuito. ¿Nos olvidamos de algo?... Los gastos de publicidad: afiches, volantes, spots o jingles radiales, etc. Hay pueblos como mi tierra en que con una sola pregonada desde Qayaq Orqo se difunde la noticia. Además, ¿qué invitación se necesita si todo el pueblo espera sus fiestas?... Pero no vamos a ser menos que nuestros vecinos. Tenemos que pegar afiches full color, con fotos llamativas, en las agencias de transporte, en los comercios, en los restaurantes del lugar y en los pueblos allegados para que vean nuestra pompa. ¿Y los Asesores, representantes, comisionados, etc…?. Hay todo un sistema perfectamente montado de intermediación antes de alcanzar el contrato. Lo que significa “alas” que cubrir… ¿O no?. Otra cosita: en esto de los convenios artísticos, juega mucho el tema de la oferta y la demanda. Una actuación en Lima no tiene el precio que alcanza la misma si se cumple en provincias. En Lima hay artistas para escoger que, en la mayoría de casos, están buscando chamba. Por eso los “serruchos” trabajan con loco entusiasmo. Un artista ya hablado para actuar en la fiesta de Wayllahuarmi, de la noche a la mañana es olvidado, porque otro se ha metido por los palos. Además, no es igual contratar con un promotor privado que asume sus riego que hacerlo con un Municipio, un gobierno regional o una Junta Comunal. Las verbenas se ofrecen en plaza pública, nadie paga entrada. En cambio, una fiesta privada requiere de un local seguro y el público debe pasar por boletería. En el primer caso, la remuneración está totalmente asegurada, el artista ya cobró su plata antes de salir al escenario, en el segundo, muchas veces va a depender de la taquilla que haya generado el público asistente, para riesgo también del artista, porque los “cabezazos” son frecuentes.
Casi me olvidaba de los famosos “documentales” televisivos. Se emiten programas en canales locales o de difusión nacional, que suelen presentar resúmenes de quince minutos como máximo de estas celebraciones. Claro que ni siquiera se interesan por el sustento tradicional o patrimonial de estas conmemoraciones que son ancestrales en muchos pueblos. Con filmadoritas caseras en su mayoría recogen escenas diversas y como no hacen investigaciones siquiera ligeras, en sus videos sólo vemos cherrys sobones a las autoridades o funcionarios que los contrataron. Hace años, conocí el presupuesto que un señor difusor del “acervo cultural andino” presentó a la Alcaldía de mi pueblo. Realmente era una suma bastante alta. Como varios nos enteramos del entuerto, los ediles desistieron de acuerdos que ya habían tomado con el “comunicador social”. Los fuegos artificiales, las bombardas, la ornamentación general, los agasajos, etc., también salen de los fondos públicos.
CONCLUYENDO: ¿Tenemos ya siquiera una idea del monto que debe salir de la caja pública en la celebración de cada año?... El 2008 me comentaron que la Comisión de Festejos de una provincia disponía de una dotación de cuarenta mil “maracas”, como techo máximo para la organización de la Víspera central. No desconozco que en algunos pueblos, ciertas empresas particulares asumen la contratación de artistas, por ejemplo, o colaboran con productos. Si esta participación voluntaria alcanza para liberar al gobierno local de sus ingentes gastos, no lo sé… Si éste fuera el caso, albricias y salú, salú…, que sigan las fiestas…
Ahora bien: si este es el panorama en un pueblo que debe recurrir a su bolsa ¿tienen o no razón los oyonenses cuando reclaman que una empresa que se beneficia de sus recursos, colabore una sola vecesita siquiera?... Creo que sus pedidos no superan los diez mil solcitos, exagerando... De ser atendidos sus reclamos, los quejosos realizarán sus fiestas y, lo más importante, podrán cumplir sus planes, ya que no malgastarán recursos necesarios para obras públicas o para atender servicios básicos.
¿Icha chaynachu icha manachu qory canastitay?... Mi distinguido primo Luchito Montoya me responde convencido: ¡chaynam casqa rocanrol!...
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